Falta alguien que nos defienda

Fecha Publicación: 5/3/2017

Parecería aconsejable, como forma de mantener distancia con los aconteceres de cada día, no prestar atención, para no contaminarse con la cotidiana ración de malas noticias. Ver en cambio los aspectos positivos, la manera natural de mirar de los optimistas, los que aprecian con satisfacción los vasos medios llenos, logrando de ese modo vivir tranquilos y esperanzados.

Por otra parte, así como marcha el mundo, esa actitud no es nada de recomendable, ya que dejar de mirar todo el cuadro, es una forma de rendirse, ya que significa dejar de juzgar, que aunque sea una cultivada indiferencia, es en el fondo renunciar a la idea de que es posible cambiar el escenario, que hay una opción para mejorar y que se puede interrumpir esta tendencia a producir malas noticias y cambiar de rumbo para bien.

La historia del mundo es un ejemplo; pasar de mal a mejor, con episodios de empeoramiento, corregidos a la larga o a la corta, dependiendo de la paciencia y tolerancia de los afectados. Tal parece que los chilenos tenemos paciencia digna de santidad, la ira nos dura poco, por comodidad le dejamos el encargo de reclamos y protestas a otros, que tengan más tiempo o ganas, y así, las causas se extinguen, sin pena ni gloria, un detalle que los políticos conocen demasiado bien, y pasa a ser una regla de estrategia elemental, ante el escándalo más grosero y burdo, la prudencia indica bajar la cara y esperar que la tormenta pase, para volver a levantarla, sin rubor alguno, haciéndose parte de otro capítulo de amnesia colectiva.

Hace falta un defensor público con buena memoria, lo más incorruptible posible, como el lamentablemente desaparecido chapulín, con irrenunciable vocación de servicio.



PROCOPIO
 


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