La persistencia del sentimiento de inseguridad

Fecha Publicación: 3/3/2017

Ha sido un desafío imposible de resolver por los últimos gobiernos democráticos, aquel del control de la delincuencia. De entre muchos factores pertinentes al tema, sin embargo, se puede observar dos variables, los delitos y la percepción de estos delitos por la ciudadanía. Se supone que debiera haber una relación directamente proporcional entre el número y magnitud de los delitos y la percepción de seguridad, o lo contrario, por parte del ciudadano común, pero no siempre ocurre de ese modo.

Hay que aceptar la existencia de serios resguardos al momento de emitir juicios sobre el particular, en primer lugar hay que considerar entre las dificultades que presenta el combate a la delincuencia, la falta de cifras confiables relativas a los delitos y los cambios que estas cifras experimentan estacionariamente o por diversas causas de coyuntura, sin las cuales se hace extremadamente complejo el adecuado diseño y evaluación de las medidas que habría que adoptar para enfrentar a los delincuentes.

Parece fácil, pero en realidad no hay manera de tener información estrictamente ajustada a la realidad, no todas las víctimas denuncian, y si denuncian o no, depende del tipo de delito y características de la propia víctima, por lo que las estadísticas policiales no reflejan la cantidad real de delitos y la "cifra negra". Las encuestas de victimización no logran determinar la cantidad real de personas que fueron víctimas de un delito, además, no permiten registrar otros delitos, que por razones de diversa naturaleza, tienden a ocultarse, como delitos sexuales, o determinadas formas de estafa.

Para tener información sobre este tipo de circunstancias, desde principios del 2000, la Fundación Paz Ciudadana realiza una encuesta de victimización que no pretende cuantificar todos los delitos que ocurren, sino solo aquellos contra la propiedad, que son los más frecuentes en nuestro país. En particular inquiere sobre la cantidad de hogares que declara que alguno de sus miembros fue víctima de un robo o intento de robo en los seis meses previos a la consulta, con particular énfasis sobre el temor de las personas a ser víctimas de delitos.

En la última medición, concluida en noviembre del año pasado, de reciente publicación, se comprueba que la victimización no registró varianza significativa, ascendiendo a 38%. Esta cifra es alta considerando que a principios de 2000 esta tasa alcanzaba a 30%, y las demás encuestas en ciudades o países de la región ratifican que Chile tiene tasas de delitos contra la propiedad relativamente elevadas.

En el mismo estudio, se observa que bajó significativamente la cantidad de delitos contra la propiedad con violencia (23,9%), y aumentó en el espacio público (85%). Es decir, la victimización sigue alta, pero por lo menos algo menos violenta y con menor frecuencia dentro del hogar. Eventualmente, esto podría estar influyendo en la caída del porcentaje de personas que se ubican en el rango de Alto Temor, que bajó de 21% a 18%, lo cual también es una buena noticia.

A pesar de estas cifras, la percepción de la delincuencia sigue alta, su control es la primera prioridad de la ciudadanía desde mediados de los noventa y no existe en la agenda de las autoridades iniciativas que sirvan para cambiar este escenario, por falencias en las reformas y la deficiencia en los resultados de la gestión, puertas rotatorias, por ejemplo, justifican las malas evaluaciones que las personas hacen de las instituciones encargadas de combatir el delito.

Mientras exista la percepción que los delincuentes resultan impunes es difícil esperar que desaparezca este factor de inseguridad.


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