No solo el implacable destino cruel

Fecha Publicación: 2/3/2017

Para algunas veces pudo haber estado bien, ponerse de pie frente a la desgracia y la catástrofe, ser capaces de erguirse ante la adversidad, mostrar incluso orgullo ante esa actitud heroica de no rendirse ante las tragedias más conmovedoras. Puede ser admirable, pero tal vez sea mejor saber hasta cuándo es posible recurrir a esta capacidad de recuperación, salir de entre las cenizas, últimamente de modo literal, o de los escombros, la más de las veces.

Internacionalmente, hay un reconocimiento de esta actitud invencible de los chilenos frente a sus frecuentes desastres, pero al mismo tiempo una llamada de atención, aquella de no dar muestras de saber aprovechar a cabalidad y no pocas veces, ni siquiera parcialmente, las lecciones de estos acontecimientos infortunados, vivir una y otra vez el vía crucis de la destrucción y la lenta reconstrucción que con frecuencia no alcanza a terminares antes del próximo episodio.

Además de las consabidas muestras de solidaridad y capacidad de respuesta, del reconocimiento a los héroes de siempre, o de las críticas a las personas u organismos eventualmente responsables de tamaños perjuicios-conjunto de circunstancias rituales al terminar alguno de estos episodios- resulta indispensable mostrar que se ha aprendido, que hay medidas que tomar, que hay costos que asumir, de lo contrario resulta obvio que falta inteligencia o preocupación, que lo que nos pueda pasar no es siempre y fatalmente obra de la crueldad del destino, sino de la incompetencia de quienes tienen que protegernos. No siempre se puede, pero se puede hacer mucho más de lo que se ha hecho. Pasó la época de echarle la culpa a una tribu de dioses vengadores.



PROCOPIO
 


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