Los Oscar y la visibilidad del error

Fecha Publicación: 28/2/2017

Dice un refrán popular que los abogados visitan sus errores en la cárcel y los médicos en el cementerio. Si un chelista entra un segundo más tarde de lo que le corresponde en medio de una sinfonía, su director, algunos músicos y uno que otro melómano del público notarán el error. Si un medio de comunicación se equivoca en una portada o en un generador de caracteres (GC) televisivo, arriesga convertirse en viral en redes sociales. 

Pero, sin lugar a dudas, pocos errores resultan tan tremendamente visibles como el que tuvimos oportunidad de ver en la madrugada de ayer, en la ceremonia de los Premios Oscar, cuando 32,9 millones de personas no podían dar crédito a lo que veían: los legendarios actores Warren Beatty y Faye Dunnaway anunciaban como ganadora de la estatuilla a la película equivocada, y la verdad se revelaba sólo después de que la mitad de los productores había hecho su discurso de agradecimiento. Sin duda, el mayor bochorno de la Academia en sus 89 años de premiación.

Pero fuera de la vergüenza, y de que la empresa PWC asumiera su parte de responsabilidad en el entuerto, bueno sería que otros errores relevantes tuvieran ese nivel de visibilidad, ya se trate de un puente mal hecho, una gestión financiera negligente, o una ley que sale del Parlamento al revés de la propuesta original... 

Existe en nuestro país y en nuestra cultura una muy débil inclinación a reconocer nuestros errores y a pedir las disculpas que correspondan, ya sea que todos sean testigos de nuestro fallo, o que solo nosotros nos demos cuenta. Tal vez sea bueno seguir el ejemplo del octogenario actor Warren Beatty, quien tomó el micrófono para dar explicaciones aunque nadie se las pidiera y no tuviera culpa ni vela en ese entierro. 


PIGMALIÓN 


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