El gobierno desde los escritorios

Fecha Publicación: 27/2/2017

El gobierno desde los escritorios es tan viejo como la invención de la escritura, como la administración de los templos de Sumeria, que tres mil años antes de Cristo, reposaba en batallones de disciplinados escribas. Esa burocracia mantenía el riquísimo patrimonio de los dioses por donaciones voluntarias y no tanto, en meticulosos registros conocidos a cabalidad por una cerrada casta de burócratas.

Es muy posible que los miles de tabletas de arcilla que registraban los siempre crecientes bienes de los templos gigantescos, fueran perfectamente veraces, pero también pudo ocurrir que algunos escribas, más emprendedores y proactivos, se llevaran de a poco los templos para la casa, falseando algunas entradas por aquí y por allá.

En la China de Mao Tsé-tung, las órdenes del divino líder fueron emprender el Gran Salto Adelante, para transformar la república en una superpotencia, Mao ordenó que se duplicara o triplicara la producción agrícola e industrial para que los excedentes financiaran ambiciosos proyectos industriales y militares.

Los burócratas, para congraciarse con el poder central, empezaron a competir, servilmente, por la mejor presentación de datos, al final informaron que la producción había sido el doble de la realidad, lo que permitió al gobierno cambiar millones de toneladas de arroz en pago por armas y maquinaria pesada, convencido que había de más para alimentar al pueblo. El resultado neto fue la muerte por hambre de decenas de millones de chinos, uno de los crímenes burocráticos más grandes de la historia.

Mao aprendió lo que muchos gobiernos no terminan de aprender, que hay que tener a los burócratas bajo la lupa, que bajo el ojo del amo engorda el caballo.


PROCOPIO


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