Como en tiempos de Toribio, el naúfrago

Fecha Publicación: 25/2/2017

En aún otra encuesta, esta vez para saber cómo se está educando a los niños, había unas preguntas de cierre, de esas que se ponen en las encuestas para que uno tenga derecho a pataleo, se dejaba un espacio para que los interrogados expresaran su opinión sobre las tendencias educacionales, o modalidades de crianza, ya que estamos en eso, si era buenas o malas, o daba lo mismo. 

No hay para qué prolongar un estado de insoportable incertidumbre. No le parecía bien a nadie, estaban todos de acuerdo que la malacrianza era un signo más de una sociedad con malos hábitos, que las familias estaban siendo menos funcionales. Las explicaciones sobraban, exceso de expectativas, muchas ambiciones de corto y urgente plazo, la necesidad de los adultos de la casa de dedicar lo mejor y más largo de sus vidas a hacer caja para adquirir cada vez más cosas o para trepar a toda prisa en la competitiva escalera del prestigio y la fama.

Son demandas mayores, no hay demasiado tiempo para los hijos y es harto más fácil sobornarlos, dejarnos reemplazar por juguetes caros y en la medida de lo posible del tipo que les tengan las cabezas ocupadas, no sea cosa que de repente se cercioren que están más solos que Toribio, el naufrago. Toribio era un dibujo de tres cuadritos, que salía en revistas o periódicos, en los tiempos remotos cuando leer era una ocupación casi universal, había naufragado hacía mucho tiempo en una isla donde apenas cabía él y un cocotero. Una persona sola, un niño solo, es más o menos lo mismo, la isla es el lugar de la casa donde ejerce su función cibernética, en vez de cocotero está la consola, la pantalla llena de aplicaciones. Nadie sabe si ese recurso será suficiente. 

Procopio


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