Stefan Zweig y la impaciencia

Fecha Publicación: 23/2/2017

Más allá de la forma en la que elija terminar sus días, el verdadero valor de un escritor está en sus obras, y no en la forma en que decidió vivir su vida. Sin embrago, sus experiencias vitales se plasman en su pluma y al final no es posible separarlas, pues constituyen parte inalienable de su genio.

Es el caso de Stefan Zweig, escritor, biógrafo y activista social de origen austríaco judío. Su trabajo más conocido es el libro "Momentos estelares de la humanidad", aunque también fue reconocido por sus biografías y algunas obras de ficción, entre otras, "Los prodigios de la vida", "Carta a una desconocida" y la biografía de María Antonieta, que luego se adaptaría al cine.

Pasó gran parte de su vida en Austria, así que al ver que el movimiento nacional socialista se expandía hacia ese lugar, Zweig se trasladó a Londres. En 1939 se casó con su segunda esposa y, tras el inicio de la guerra, se trasladó a París, Inglaterra y más tarde a Brasil, donde la fatalidad los alcanzaría. 

Desesperados ante el futuro de Europa, y creyendo que el nazismo se extendería al resto del mundo, se suicidaron el 22 de febrero de 1942. Más de 70 años después se publicó el manuscrito con su carta suicida.

Sus temores no se cumplieron y él no pudo verlo para celebrarlo. Sin embargo, sus lectores, a 75 años de su muerte, se le siguen recordando como uno de los escritores más prolíficos de su tiempo. 

Esta semana, se conmemoró un nuevo aniversario de su innecesaria muerte. Recodemos, entonces, las últimas palabras que escribió: "¡Hasta pronto, amigos! Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes de aquí". 

Sin lugar a dudas, la impaciencia de Stefan Zweig, contribuyó a su inmortalidad.
 


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