El necesario cambio cultural tras ley de etiquetado de alimentos

Fecha Publicación: 21/2/2017

Esta normativa impositiva, si quiere consolidarse en el mediano plazo plasmándose en un efectivo cambio cultural, debe ir aparejada de una intensiva campaña comunicacional, con una trabajo conjunto entre las carteras de Salud y Educación.
 

El 2016 fue un año clave en materia de salud alimentaria y transparencia nutricional. Ello porque, finalmente, el lunes 27 de junio pasado entró en vigencia la ley 20.606 (a cuatro años desde su publicación en el Diario Oficial) el 6 de Junio del año 2012, que se refiere a la composición nutricional de alimentos y su publicidad. A partir de ese momento, con el nuevo reglamento de Etiquetado de Alimentos, los envases destinados al consumo humano comenzaron a indicar los ingredientes que contienen, incluyendo todos sus aditivos, declarando sus proporciones e información nutricional. 

No es necesario abundar demasiado en los fundados argumentos que respaldan la aplicación de esta ley, particularmente referida a los niños. No es desconocido que nuestro país se encontraba, al menos hasta antes de entrar en vigencia la ley, en el 6° lugar mundial en obesidad infantil y en el primer puesto o en América Latina. En un estudio reciente del Inta se advierte, además, que en Chile el 70% de los niños va a ser obeso en el corto plazo, un problema que impacta gravemente en los índices salud de la población.

Para hacer efectivos los propósitos de la ley, se comenzaron a implementar diversas medidas, desde inmediatas y simples, a otras con mayor grado de incerteza en cuanto al resultado en el futuro inmediato, por ejemplo; la prohibición la venta de comida chatarra, con listas de artículos como los aludidos por el coordinador regional de la Unidad de Seguridad Alimentaria del Bío Bío; sopaipillas, chaparritas, completos y queques, en una posiblemente larga relación de productos alimenticios, por socializar. Se suma a esto el control de incentivos en la publicidad orientada a menores de 14 años y el etiquetado frontal en los productos que sobrepasen los límites nutricionales establecidos por el Ministerio de Salud.

No es la primera vez que se emprenden dinámicas de esta naturaleza, en que la realidad obliga al legislador a imponer restricciones, a fin de evitar consecuencias que, como en este caso, pueden ser pandémicas. Sin embargo, esta normativa impositiva, si quiere consolidarse en el mediano plazo plasmándose en un efectivo cambio cultural, debe ir aparejada de una intensiva campaña comunicacional, con una trabajo conjunto entre las carteras de Salud y Educación. 

Conviene tener en cuenta los lineamientos de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), donde se explicitan los conceptos básicos de la seguridad alimentaria, es decir, la disponibilidad de alimentos, el acceso de las personas a ellos y el aprovechamiento biológico de los mismos, allí se aborda limitantes dignas de consideración, como la disponibilidad física de los alimentos, o la situación socio económica que puede impedir o hacer insuficiente el acceso a los alimentos.

Hay otros requisitos para que se cumplan los objetivos de seguridad alimentaria, como la utilización de los alimentos, su preparación, para aprovecharlos en forma óptima, como así mismo la regularidad de su consumo y el apoyo familiar. Enfocado así, la ley toca un componente, deja todos los otros por resolver; cultura, compromiso, economía, como factores operantes en cada familia, con situaciones independientes.


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