El mural Presencia de América Latina cumple su primer medio siglo

Fecha Publicación: 3/10/2015

Repetidamente la ciudad de Concepción ha tenido que reinventarse, después de la seguidilla de cataclismos del siglo XVIII, cambia su ubicación y migra al valle donde ahora se encuentra, sin escapar de su destino de ser destruida una y otra vez, para hacerse de nuevo. El terremoto de 1960, sin embargo dejó un testimonio mayor de este resurgir desde los escombros. 

El entonces rector, David Stitchkin, en nombre del directorio de la Universidad de Concepción acepta el desafío planteado por la donación del gobierno de México a través de su embajador, Gustavo Ortíz Hernán, que había sido rechazada por Valdivia. Se decide construir un edificio en remplazo del que ocupaba la entonces Escuela Dental, por la Casa del Arte, nombrada en homenaje a México "José Clemente Orozco", el mundialmente conocido muralista de esa nacionalidad.

Al asumir el rector Ignacio González, el proyecto cambia, para contemplar la ubicación del mural en el interior del edificio, en una pared construida solo para ese efecto, así, el año 1963 cuatro personajes pasean por el centro de la ciudad; el embajador mexicano, el cónsul de Chile en México, Humberto Torres, Tole Peralta el promotor del Pinacoteca de la Universidad y hombre alto, de bigote, el muralista Jorge Gonzales Camarena, se trataba de la visita en terreno del artista que realizaría esta obra.

Difícilmente pudo haber dejado pasar el hermoso mural de la Estación de Ferrocarriles de la ciudad, actualmente secuestrado en la sede del gobierno regional, pintado por Gregorio de la Fuente, quien a propósito del valor de estas obras, comenta "un mural como cosa pública, está en directa relación con la gente, en ese sentido puede servir para instruir o inspirar intereses sociales de las personas" .

González Camarena regresó en 1964, había iniciado el trabajo en noviembre de 1963, ahora estaba de vuelta con sus ayudantes mexicanos; Salvador Almaraz, Manuel Guillén, Javier Arévalo, al grupo se agregan los chilenos Eugenio Brito y Albino Echeverría. El mural fue pintado en cinco meses, estaba terminado el 16 de abril, siendo inaugurado con solemnidad el 10 de septiembre.

El relato plástico representa el pasado del mundo pre-hispánico de América Latina. En la escalera se desenvuelve la serpiente emplumada, el Quetzalcóatl, símbolo mexicano de la cultura, en el paño central las figuras que el maestro González Camarena llamó la Pareja Original, formada por un español y una mujer que representa a todas las razas indo americanas. El mural cuenta de riquezas en la tierra, el progreso del hombre, la fusión de culturas, es un largo discurso, repleto de signos, algunos evidentes, otros en código, unidos por un friso que recorre la parte superior con las banderas de todos los países latinoamericanos. En los extremos, las aves heráldicas de México, el águila y de Chile, el Cóndor. Una parte del poema América de Pablo Neruda corona la obra: "Y no hay belleza como esta belleza de América extendida en sus infiernos en sus cerros de piedra y poderío y en sus ríos atávicos y eternos…".

El mural fue declarado Monumento Histórico por el Decreto 147 del 30 de abril de 2009, una obra monumental de 250 metros cuadrados, que está cumpliendo su primer medio siglo, para seguir comunicándose poderosamente con quienes acuden a observarle. Neruda, en su momento escribe en su saludo a la obra; "cuando la vi, me dejó estupefacto. Estaba de pronto ya hecha, ya trazada, ya escrita, pintada, desarrollada, ya existía: había florecido la pared".
 


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF