Viejos estandartes y la hora del adiós

Fecha Publicación: 13/2/2017

Tras la Primera Guerra Mundial, los países europeos quedaron traumatizados por los millones de muertos que costó. Las potencias Francia, Alemania e Italia sabían que el Tratado de Versalles era sólo una tregua y el conflicto volvería, pues no se resolvieron los problemas de fondo.

Francia en especial, consideraba que su enemiga, Alemania, podía repetir la guerra y tomó medidas preventivas. Pero no lo hizo mejorando su preparación militar con nuevas tácticas y estrategias, sino asumiendo que una próxima guerra sería de trincheras, igual que la anterior, aunque con armamento más sofisticado.

Luego de profundas discusiones, los altos mandos concluyeron que, crear una barrera armada a lo largo de la frontera con Alemania, sería suficiente para impedir una nueva invasión: la bautizaron Línea Maginot.

Como la mayoría de los altos jefes militares franceses en 1929 eran sexagenarios o más, el criterio del Mariscal Joseph Joffre, con 77 años de edad, se impuso ante las propuestas de los más jóvenes Paul Reynaud y Charles de Gaulle, impulsores del desarrollo de la aviación y de vehículos blindados. Joffre tuvo el apoyo del respetable Mariscal Philippe Petain (73), mientras el ministro de Defensa, André Maginot, promotor de la idea, convenció al gobierno de construir las defensas fortificadas de 400 kilómetros de extensión, desde el Rin hasta Bélgica. No consideraron, eso sí, el Bosque de las Ardenas, pues creían imposible que un ejército cruzara por él.

Fue justamente por las Ardenas que en 1940, las fuerzas acorazadas alemanas lograron partir en dos la defensa francesa y apoyados por la Luftwaffe, destruir en semanas la imponente fortaleza.

Joffre y Petain fueron líderes en la Primera Guerra Mundial, pero mostraron soberbia e incapacidad para los nuevos tiempos. Dar un paso al costado hubiese sido lo mejor en favor del país que tanto decían amar.

ALARICO


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