El incendio de Roma y los rumores

Fecha Publicación: 11/2/2017

El 18 y 19 de junio del año 64 DC, Roma sufrió el mayor incendio de su historia. Casi tan rápido como las llamas, se esparcieron los rumores. Algunos apuntaban a la nueva y creciente secta cristiana, perseguida desde tiempos de Claudio; otros sospecharon de Nerón, su excéntrico emperardor, quien ya había explicitado su voluntad de modernizar la ciudad con nuevos edificios. Nerón se enteró de estos rumores y se apuró en buscar un chivo expiatorio. En palabras de Tácito, "para librarse de la acusación, Nerón buscó rápidamente un culpable, e infringió las más exquisitas torturas sobre un grupo odiado por sus abominaciones, que el populacho llama cristianos".

En tanto, Suetonio y Dión Casio relatan que mientras Roma ardía, Nerón cantó el Iliou persis (el Saqueo de Troya), lo que Tácito refuta, asegurando que se encontraba en Antium, y recalcando que éste había sido un rumor malintencionado. Como sea, la imagen de Nerón con la cítara mirando desde su balcón las llamas, quedó en el inconsciente colectivo. 

De esa creencia se valió la tradición cristiana para cobrar la revancha con su perseguidor, adjudicándole, sin margen de dudas, el incendio al inestable emperador, tesis que se impuso durante dos milenios. 

Más recientemente, historiadores han concluido que no fueron ni los cristianos ni Nerón, sino que más bien se habrían dado una serie de circunstancias que lo agravaron, como el calor del verano, la alta densidad demográfica y la construcción liviana en sectores altamente poblados. 

¿Conclusión? Han pasado casi 2.000 años y, al menos en Chile, seguimos siendo tan permeables al rumor y a adelantar culpabilidades como los antiguos romanos.


PIGMALIÓN


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