Perseverar en el error

Fecha Publicación: 8/2/2017

El cartaginés Aníbal es un personaje muy interesante para pasarlo por el lado. Su nombre fue usado en la Roma republicana para asustar a los niños y hacer que comieran lentejas o lograr que se acostaran a sus horas. ¡Aníbal ad portas! Era la frase aterradora y estos niños, que ya desde pequeñitos hablaban latín, obedecían sin chistar. La amenaza siguió vigente por largo tiempo después de su muerte. Nadie deja semejante marca sin hacer méritos.

La segunda guerra púnica fue liderada por Aníbal, incluyendo el célebre paso de los Alpes con sus nunca bien ponderados elefantes, para seguir una desafortunada tradición estratégica familiar, que consistía en combatir con un montón de elefantes en la vanguardia, con el astuto propósito de aplastar a los enemigos. 

Lamentablemente, los elefantes, en el momento más inoportuno, tenían la pésima costumbre de perder el control y pisotear a su propio ejército. Ese aspecto bastante espectacular de su mal desempeño era bastante notorio y resulta misterioso porque Aníbal, como su padre antes que él, insistía en el concurso de estos caprichosos paquidermos.

Durante la campaña en suelo romano, estuvo molestando permanentemente al Senado de Cartago, pidiendo más elefantes, y los senadores respondiéndole que no eran para nada baratos y qué había hecho con los anteriores. Sin embargo, a pesar de los malos resultados con estos animales, Aníbal murió convencido que otro habría sido su destino si el Senado le hubiera mandado otros pocos

Como algunos por estos lados, que aun fracasando una y otra vez con la misma mala idea, insisten impertérritos, irreductibles y fracasados.

PROCOPIO


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