Prácticas y beneficios que dañan la imagen del servicio público

Fecha Publicación: 3/10/2015

Falta enterarse de lo todo que realmente está ocurriendo, a pesar del sonido reiterado que produce el desgarrar de vestiduras de los honorables, de las enfáticas declaraciones de buenos propósitos y los llamados a la conducta intachable, de vez en cuando, aunque con preocupante regularidad, una nueva noticia da a conocer algún otro rincón oscuro del accionar de nuestras altas autoridades políticas, dejando todavía por descubrir otras parecidas en las más bajas, o en otros entornos, emboscados aun, de la sociedad chilena en su conjunto.

No es creíble que después de tanto tiempo de exclamaciones y promesas de probidad, transparencia y buen obrar, el ciudadano de a pie tenga que confesar que por mucho que haya querido ser escéptico, todavía peca de ingenuidad.

En ocasión del cambio de concesionario, la nueva empresa decidió excluir del trato otra regalía de los parlamentarios que rige desde 1990; desde esa la fecha no pagaban por el uso de los estacionamientos en el Aeropuerto de Santiago. Para compensar la pérdida de este privilegio, la concesionaria ofreció un convenio para que los legisladores paguen cerca de 30 mil pesos mensuales para arrendar un estacionamiento, dinero que será descontado de las asignaciones parlamentarias, otro ítem al cual bien valdría la pena darle una cuidadosa mirada. 

Como referente, para entender la generosidad del ofrecimiento, hay que considerar que por este mismo arriendo mensual de un estacionamiento en el Aeropuerto, cualquier otro chileno, que no pertenezca al poder Legislativo, tiene que desembolsar algo así como unos 280 mil pesos.

Esa situación de privilegio ni siquiera había sido considerada como tal, de hecho, el mismo presidente del Senado, Patricio Walker, pidió un informe para conocer más detalles, lo que significa que no hay una revisión auténtica de los beneficios adicionales que tienen, como un significativo aporte a sus ya generosas remuneraciones. Se puede entender esa auténtica sorpresa del senador, después de un tiempo, las granjerías se transforman en circunstancias de la vida, derechos adquiridos y normales, resultando casi molesto que otros seres comunes se molesten por asuntos insignificantes.

Puede que existan otras tarjetitas, como las recientemente caducadas, que obren en poder de los parlamentarios, con otros propósitos, claramente sin insinuar que los propósitos sean cuestionables, lo digno de mencionar es que la austeridad, el reconocimiento de privilegios justificados y transparentes no tiene nada de malo, pero sí los asuntos oscuros; ya se ha sabido de dietas discutibles, deberíamos enterarnos de viajes y sus financiamientos, de otras gentilezas con cargo al Estado. Si no hay nada de eso, sería un alivio, porque la experiencia le ha demostrado a la ciudadanía que rara vez el descubrimiento de un asunto así resulta del todo excepcional.

A nivel local, se han revelado cuadras de estacionamiento concedidas a funcionarios públicos en el centro de Concepción, no por quien corresponde, con las justificaciones del caso, sino a consecuencia de la acción periodística. Habrá explicaciones, con seguridad, pero serán insuficientes, por tardías, no se consideró que estacionar en la ciudad, para cualquier ciudadano, es difícil y caro; no se reflexionó sobre la conveniencia de mantener un privilegio difícil de justificar. Puede ser que este incidente, relativamente menor, sirva para revisar otras eventualidades de asuntos que no resistirían el escrutinio de la crítica pública.


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