La calidad del trabajo parlamentario

Fecha Publicación: 5/2/2017

La calidad del trabajo legislativo chileno, en tiempos cuando esta condición ha tenido la obligación de hacerse evidente, es una tarea por resolver. La ciudadanía quiere que la calidad, en todo, esté debidamente certificada, se habla de calidad de vida, en trabajos, en la educación, entre muchas instancias, pero la calidad no parece ser un asunto prioritario en otras circunstancias como caminos defectuosos, puentes mal armados y proyectos llenos de forados.

En los últimos días se ha cuestionado el trabajo del parlamento, específicamente la Cámara de Diputados, ante el bochornoso incidente de la suspensión del trabajo por falta de quórum. En efecto, una rápida mirada a las portadas de los medios nacionales, daba cuenta de la cancelación de dicha sesión por la menos presentable de las razones: inasistencia de los diputados a la sala. 

Según el glosario administrativo, quórum es la cantidad mínima de parlamentarios que se requiere para celebrar una sesión, sea esta de la Cámara o Comisión, para votar un proyecto de ley o para adoptar determinados acuerdos. Parece ser una definición razonable y es absolutamente necesario que así esté establecido. Sin embargo, hay algunas consideraciones que hacer al respecto en casi toda las situaciones. De hecho, pertenece al bagaje democrático colectivo este quórum de la mitad más uno. No es esa la proporción que opera para los honorables parlamentarios.

Lo que está estipulado es un quórum mucho más bajo, con el fin de acelerar procesos y ejecutar con una asistencia menor, del orden del 30%. Aun así, a pesar de la deliberada menor exigencia, hubo que suspender la sesión 123 de la Cámara por falta de quórum. Llegaron solo 36 diputados, cuando se necesitan 38 de los 118 para proceder. Estaba en tabla, entre otros puntos, votar el informe de la Comisión mixta sobre el proyecto que modifica la ley de violencia intrafamiliar.

Esa propuesta, como muchas otras que por su trascendencia hacen necesaria la legislación, pudo haber sido aprobada con el quórum exiguo de la Cámara. En contraste, otros organismos de menor envergadura, como una junta de vecinos o un centro de padres, requieren para sus decisiones al menos la mitad más uno. Para las leyes, curiosamente basta con mucho menos.

En mayo, en parecidas circunstancias se suspendió la sesión especial para analizar los efectos de la marea roja en los pescadores artesanales de Chiloé, por la ausencia de 96 diputados, donde solo asistieron 24 parlamentarios de 120, en medio de un conflicto que afectaba a la Región de Los Lagos. Las reacciones de los diputados han sido tibias: la aplicación de una multa nominal de $90.000 y declaraciones sobre modalidades de mejorar esta conducta, más algunas ideas generales de remota utilidad en el corto plazo.

Lo que falta por hacer es validar la calidad del trabajo parlamentario, si hacen falta tantas leyes, cuánto de ellas ya está en otras iniciativas, cuán útiles resultan, cuán bien redactadas están, ya que la experiencia común es observar grados importantes de desprolijidad. Para hacer las cosas bien, con la calidad que se requiere, hay que estar allí, hacer la tarea seriamente, eso es lo que parece faltar, aparte de un quórum representativo. 


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