El necesario escrutinio de las instituciones públicas

Fecha Publicación: 1/2/2017

Que un par de instituciones , particularmente expuestas por la situación que ha vivido el país, se encuentren permanente obligadas a dar explicaciones, en vez de recoger agradecimiento o sugerencias para un mejor aún desempeño, no se debe al tradicional pago de Chile, aludiendo a la ingratitud; es que ambas, a pesar de los ingentes esfuerzos y la intensa preocupación, fallaron al momento de iniciar acciones, por lentas, inadecuadas y en continuo estado de ajuste a las circunstancias, dando la impresión que habían sido sorprendidas por acontecimientos inesperados.

La explicación de la magnitud de los incendios forestales que afectan al país, si bien nunca vistos a tal escala, no era un misterio inadivinable, las advertencias estaban en todas partes, desde países del primer mundo hubo indicaciones de extremo peligro. Las altas temperaturas, los fuertes vientos pudieron haber sorprendido en otra época, pero no ahora. Los riesgos estaban allí, las propuestas para la prevención también, tanto como las denuncias que no se estaba haciendo, lo que corresponde hacer.

Para el común de la ciudadanía ni la Onemi, ni la Conaf, estuvieron a la altura de la circunstancias, la respuesta fue lenta e insuficiente, la negación de los grandes aviones, displicentemente subestimados y, hasta la reacción al momento de su llegada, de malos perdedores, frente al primero, recepcionado a contrapelo. Solo la impertérrita filantropía de quien lo envió, evitó que se fuera de vuelta- el proverbial mordisco en la mano que ayuda- en contraste obvio con la recepción del avión desde Rusia, recibido por el Canciller en persona, tema de antología.

Tener que recurrir a los mártires, por supuesto no deseados, pero en el escenario que los hizo posibles, nuestros héroes de siempre, carabineros y bomberos. Exponiendo a los brigadistas, con jornadas exhaustivas, mal equipados para actuar en un bosque ardiendo.

Olvidadas en la contingencia hay otras instituciones que tienen mucho que mostrar, como Sename y Aduanas. Situaciones pendientes que están, por el momento, en la sombra ante la magnitud de la catástrofe, pero a las cuales habrá que llevar al pizarrón. El gobierno ha anunciado transformaciones, cambios de nombre, posiblemente rediseño de funciones y atributos, una respuesta que después de observar circunstancias similares no representan soluciones, sino las ya vistas maniobras gatopardianas.

El problema es básicamente uno, de competencias, administración y gestión en instituciones que se han transformado en botín de reparticiones políticas, auténticas cajas pagadoras en las cuales se encuentran los acreedores, clientes y parientes, una verdad a medias oculta, que puesta en transparencia, podría mostrar verdaderas redes vinculadas a un tronco común, que no es precisamente el de las competencias. Instituciones repletas de burócratas bien pagados, aislados en sus propias rutinas de trámites consagrados, insensibles a las reales necesidades del momento.

Tendrá que llegar el tiempo de las auditorías externas o internacionales para saber de la realidad sobre nuestras instituciones y lo adecuado de su estructura , atribuciones y desempeño para el Chile de hoy, una tarea compleja ante la densidad de la burocracia y la diversidad de sus facultades, pero a la luz de su desempeño, del todo necesaria e impostergable.


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