Acúmulo notorio de gente antigua

Fecha Publicación: 1/2/2017

El tiempo nos va, paulatinamente, otorgando características especiales, que en términos generales se describen como las edades del hombre; niños, jóvenes, adultos y viejos, subdivididas, convenientemente, según se pueda ver diferencias entre unas y otras, en la medida que se aclara el paisaje propio de cada etapa, cada una con sus propias definiciones. 

Todos vamos a recorrer, con destinos desiguales, cada una de esas etapas, nadie está libre. Al final de ese recorrido, si no hemos sido los favoritos de los dioses, que por eso mismo son sacados más tempranamente de este valle de lágrimas, está la vejez, palabra tan inquietante que suele ser reemplazada, hasta donde se pueda, con toda suerte de eufemismos.

Antiguamente, no había demasiado problema con este grupo, el escenario no era como para eternizarse; entre enfermedades, guerras y carencias de todo tipo, grandes números de humanos eran retirados de circulación y los que llegaban a las edades avanzadas eran los menos, una suerte de elite que en muchas partes recibían reconocimientos especiales, justamente por ser pocos.

En la actualidad, como consecuencia no bien prevista de los avances de la sociedad en cuanto a cuidados, protección y producción de recursos de todo tipo, el grupo de viejos empieza a tener dimensiones amenazantes, fenómeno todavía más notorio en aquellas sociedades que han adoptado la dudosa conducta de disminuir el aporte de nuevos integrantes.

Los de edad avanzada, unos pocos afortunados aportando con sus competencias y otros, desplazados, casi nunca con justicia, a la espera de ser llamados definitivamente a retiro, son una realidad en aumento, hay demasiada gente convencida que con no mirarlos van a desaparecer.


PROCOPIO


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