La posibilidad de la falsa comunicación

Fecha Publicación: 1/2/2017

Se ha dicho que cada uno de nosotros es una isla, básicamente separados de los demás. Nuestro aislamiento se hace evidente cuando estamos lejos de nuestro ambiente habitual, de nuestras familias, amigos y alrededores... Magna civitas magna solitudo. La soledad que experimenta un solitario en una ciudad grande y ajena, la ha experimentado más de alguno.

Es entonces cuando se hace patente que las características insulares se nos pueden aliviar solo si aprendemos a tender puentes hacia otras personas y dejar que otros nos acerquen los suyos. Otra manera de llamar a la comunicación, mediante el establecimiento de vínculos, como los puentes, que no aparecen por generación espontánea, ni se mantienen si no son cuidados. La amistad, su expresión más elaborada, no sobrevive al poco cultivo.

La comunicación falta, incluso, donde no debería faltar, en la casa, en los actos sacramentales de la familia. Un interesante estudio, realizado no hace demasiado en México, merece algunos comentarios. Se preguntó a los padres de familia si era buena la comunicación con sus hijos, casi todos respondieron que sí. Después se repitió la misma encuesta a los hijos, con la misma pregunta, ¿crees que es buena la comunicación con tus padres y por qué? Muchos respondieron abiertamente que no y otros que era buena, con algunos peros.

Los hijos responden: la comunicación con mis padres es buena, pero en realidad no me escuchan. Es buena, pero no se interesan por mis cosas, es buena, pero no tienen tiempo para mí, es buena, pero lo que les digo no parece tener para ellos demasiada importancia. Sólo tres hijos declararon tener una buena comunicación, sin peros.

Es un buen momento para hacer en casa nuestra propia encuesta.


PROCOPIO


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