Utilidad de unidades cinófilas

Fecha Publicación: 31/1/2017

Una excelente manera de aparentar más de lo que cada uno es, entre un abundante repertorio disponible para los que no se quieren tomar la molestia del esfuerzo de ser en realidad, es el uso del lenguaje, decir las cosas como se suponen deben decirlas los expertos.

La reconocida fuerza de la palabra que lleva incluidos sentidos ocultos, de imagen, de fondo, que, según como suene, da a entender, insinúa más allá de su posible intención original. Debe ser por eso que cada gremio, cada grupo de especialistas o iniciados, o los que quieren dar a entender que pertenecen a dichos colectivos, adoptan con amoroso cuidado un repertorio de palabras rituales, de culto, marcadoras de clase, que les separa -loado sea el Señor- de otros menos afortunados que tiene que conformarse con las palabras de todos los días, el lenguaje simple, común y corriente. 

Un filósofo italiano contemporáneo ironiza con una anécdota; en la radio informan que los presos de alta peligrosidad que se habían evadido, habían sido tranquilizadoramente recapturados gracias al apoyo de las unidades cinófilas, un ciudadano corriente al ser informado que tales unidades corresponden a perros, comenta, admirado, que ha sido toda su vida poseedor de unidades cinófilas y no tenía idea. 

Con otras expresiones, algunas autoridades públicas se refieren al estado de la economía, a los desencuentros con los oponentes, al control de la delincuencia, con elegantes e intraducibles metáforas, esperando en medio del desconcierto, obtener abyecta admiración, ya que si nadie entiende nada, es porque no tiene la altura necesaria. A menos que regrese la sinceridad, nuestros políticos seguirán andando por las ramas, poniendo ropa linda a medias verdades.



PROCOPIO


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