Castigos para gente descarriada

Fecha Publicación: 26/1/2017

El componente diabólico, o divino, de las enfermedades, abre un amplio mundo de oportunidades para los interesados en emprendimientos en el área de la salud, terreno abonado para gente inspirada. Por lo pronto, en muchas culturas a lo largo y ancho de los tiempos, este espacio está reservado a los sacerdotes, magos y brujos, con diferentes apelativos, pueden ser gurús, derviches, chamanes, con nombres sonoros y sugerentes en los idiomas de lenguas vivas o muertas, pero la conexión es la misma, intermediarios entre el sufriente, o pecador, y las altas cumbres de los dioses o los demonios, separados por líneas extremadamente tenues como para requerir de límites concretos.

Hemos avanzado considerablemente en todos estos últimos milenios, los dioses y los demonios han perdido, en parte, su bien ganado prestigio, han bajado su perfil en cuanto a ser agentes directos de enfermedades y padecimientos, a la vista de descubrimientos de agentes que si están directamente asociados y al mismo tiempo, por la existencia de métodos eficientes para combatirlos y librar a la gente de tanto perjuicio.

Sin embargo, aunque han disminuido los dioses que castigan directamente, o aquellos que castigan mediante el retiro de la red de protección, hay un apreciable aumento de aquellos demonios que se instalan directamente en la intimidad más oculta de cada uno de nosotros, misteriosos males que actúan de modo perverso, solapado y silencioso. La humanidad al borde del ataque de nervios y jóvenes demasiado nuevos como para andar por allí con el alma enferma. Hay que estar atentos a nuestros propios sentimientos y a los sutiles signos en las personas que uno quiere, no es raro que los dioses, llamados a tiempo, sean compasivos.

PROCOPIO
 


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