Elemental decencia

Fecha Publicación: 2/10/2015

Esta observación ha sido expresada incontables veces, es peligroso criminalizar a los políticos, hacer sobre ellos un trabajo sistemático de socavamiento, porque como en todas partes hay buenos y malos, y resulta profundamente injusto para quienes están haciendo su tarea con auténtica vocación, en marcos acotados de ética y buenas prácticas, verse igualmente envueltos en un conjunto indiscriminado.

Es peligroso, no por lo que pudiera pasarles a ellos o a sus acusadores, sino por ser los representantes del pueblo en un sistema democrático, que es tan bueno o tan malo como sus políticos.

Un articulista europeo, ante situaciones que parecen lamentablemente universales, asevera que los países necesitan defensores transparentes, que las naciones no necesitan patriotas inflamados, sino sencillamente gente decente que cumple con la ley y el deber ciudadano.

La decencia es lo que se ha mostrado como faltante, un concepto que incluye honestidad, justicia, dignidad y limpieza, puede que otras cosas, en el terreno de lo moral, en el ámbito de lo estético, para el ciudadano corriente, que puesto a describirla tendría problemas, no parece tenerlos cuando se le pide identificar lo que es decente y lo que no es.

No es decente conseguirse beneficios desproporcionados, sobres brujos, pagos por asesorías de cortar y pegar, obtener privilegios no justificados. Mientras más pronto se den cuenta los políticos, a quienes le quede bien este sayo, que la población está atenta y cada vez más informada y que más vale corregir las indecencias, mejor para la mejor salud de la democracia.


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