La educación chilena desde la perspectiva internacional

Fecha Publicación: 22/1/2017

Un egresado chileno de la educación terciaria gana 2.4 veces más que aquel con educación secundaria, del mismo modo, los graduados de magíster o doctorados y equivalentes tienen rentas cuatro veces superiores, la diferencia más alta entre los países del Ocde.

 

El mundo se está moviendo en medio de dudas, incertidumbres, dificultades y escollos económicos, con la productividad, la innovación, la inversión y el comercio en diversas etapas de recuperación, en un ambiente pleno de riesgos. Lo que sí es evidente y cierto, es que el crecimiento económico no es suficiente para fomentar el progreso social, sobre todo si el dividendo del crecimiento no se comparte equitativamente. 

En los países de la Ocde , según una evaluación reciente de este organismo, el costo social de esta situación resulta en más de 46 millones de personas sin trabajo y la pobreza relativa que afecta a muchos otros millones. Se describe igualmente la brecha creciente entre los más ricos y los más pobres, el desempleo juvenil que sigue siendo elevado y el asimétrico acceso a los servicios sociales.

Universalmente hay un esfuerzo por estimular el crecimiento económico de una manera más inclusiva, en relación a este objetivo la última edición de Education at a Glance, (Panorama de la Educación) , un extenso y completo informe de la Ocde proporciona una amplia evidencia del papel crítico que desempeñan la educación y las habilidades en fomentar el progreso social.

Si ese postulado es efectivo, si la educación es un factor indispensable para corregir las dificultades descritas, sus indicadores resultan de innegable relevancia, ya que existe una relación lineal sobre el nivel educativo de la población y sus posibilidades de movilidad social, el mecanismo más eficiente para mejorar el estado socioeconómico de la población en cualquier país.

Según el informe aludido, Chile ocupa el tercer lugar en cuanto al aporte que hace el Estado, mediante fondos públicos, a la educación, aunque con el resguardo del aporte de parecida magnitud mediante fondos privados, es decir con financiamiento de las familias de los estudiantes. El 21% de los chilenos han alcanzado el nivel terciario de educación, o educación superior, que siendo uno de los más altos en Latinoamérica, con Brasil en un 14%, superado solo por Colombia con 23%, aun por debajo del promedio Ocde, países que tienen un 31% de los adultos con educación terciaria.

Este factor, el de mayor nivel educativo, repercute directamente en la empleabilidad, que en Chile tiene un efecto más notorio que en otros países, así por ejemplo, los graduados de educación terciaria están empleados en el nivel de Ocde, 84%, en las edades entre 25 y 64 años, el año 2015, el 94% de los graduados de programas de magíster estaban empleados.

El otro aspecto digno de consideración es el nivel de rentas, un egresado chileno de la educación terciaria gana 2.4 veces más que aquel con educación secundaria, del mismo modo, los graduados de magíster o doctorados y equivalentes tienen rentas cuatro veces superiores, la diferencia más alta entre los países del Ocde.

Mantener esta tendencia deseable requiere, más que un simple esfuerzo de proveer financiamiento, una cuidadosa atención a las necesidades formativas, de un crecimiento orgánico, en sintonía con las demandas laborales del país y la necesidades de desarrollo , de un equilibrio entre las demandas del mundo laboral, en cantidad y calidad, y las necesidades de investigación, desarrollo e innovación en Chile, pero por sobre todo, el énfasis en calidad del producto en capital humano, el factor indispensable que, por otras urgencias, suele ser desatendido.


 


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