La razón de las cosas caras

Fecha Publicación: 22/1/2017

Para los grandes logros hacen falta grandes esfuerzos. Salvo regalos del azar, la vida pide, por cada paso, algo a cambio, no hay tal cosa como ser campeón mundial de la noche a la mañana. La sabiduría popular lo resume muy apropiadamente; hay que hacer un esfuerzo, al que quiera celeste, que le cueste, era la frase que resumía, lapidariamente ese duro camino. 

Se concluye que quien anhela lograr algo valioso tiene que estar dispuesto a pagar el precio, no importa lo alto que éste sea. La expresión tendría una explicación centenaria, relacionada con el lapislázuli, que se extraía sólo en algunos lugares de Oriente, y por estos lados, pero en este último caso no disponible porque no nos habían descubierto todavía. Con el lapislázuli molido se fabricaba un bellísimo color azul, resistente a la acción del tiempo, que por su procedencia se llamaba azul de ultramar. 

Cuando el ABC1 de la Edad Media, papas, príncipes, señores de la guerra, querían inmortalizarse tenían que negociar cuanto oro y cuanto lapislázuli se emplearían en la obra, de esa fórmula dependía una parte no despreciable del precio. Al mezclar ese azul con el blanco, se obtenía el celeste del cielo, indispensable como fondo de retratos, sólo un poco, en un ventanuco, o pleno, alrededor de nuestro personaje ataviado para la ocasión con sus mejores pilchas. El valor total de la obra estaba por lo general en directa proporción a las vanidades, o sea altísimo. 

Otra versión sobre el origen de esta frase está vinculada con la acepción religiosa de la palabra celeste, equivalente a celestial, en este caso, los sacrificios y penurias por las que había que pasar para poder tener en el cielo alojamiento eterno. Caro y arduo camino al color celeste.



PROCOPIO


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