El inventor de la fábrica de libros

Fecha Publicación: 21/1/2017

Los libros de antes eran solo para unos pocos, como ahora, solo que por diferentes razones, entonces eran escasos, hechos de a uno y carísimos. La vuelta definitiva del tornillo para popularizarlos la daría un tal Johannes Gensfleisch zur Laden, nacido en Maguncia hacia 1398, con ese nombre no lo recordaría nadie, más bien fue conocido según el nombre la casa donde nació, que su padre, orfebre de profesión y director de la Casa de la Moneda de esta ciudad, obtuvo como dote al casarse con su mamá; una mansión llamada Zum Gutenberg.

Así, Johannes Gutenberg, desde pequeñito dio muestras de ser empeñoso y emprendedor, reunía, junto a las habilidades manuales de joyero de su papá, un ojo especial para los productos de venta masiva. Empezó con una fábrica de espejos, de pequeño formato, para ser cosidos en los ropajes de los peregrinos, para reflejar los brillos de las imágenes sagradas, lo que supone es altamente conveniente. 

Mientras tanto, seguía trabajando sigilosamente en su proyecto estrella; fabricar libros en serie utilizando caracteres metálicos. Esa era la idea genial, letras metálicas que podían combinarse para armar palabras y líneas de una página de texto, un esquema de producción que subyace en muchas otras iniciativas de la multiplicación de objetos, desde alfileres a los automóviles Ford.

Para leve humillación de los poderosos, engreídos con sus bibliotecas, cualquier hijo de vecino pudo, con algún esfuerzo y a partir de entonces, adoptar a sus libros favoritos. A este emprendedor fabricante serial debemos el poder tener libros, poder estudiar, reír y llorar con ellos, aunque hayan sido escritos hace siglos. La marca de clase de los estudiosos de antes, y algo de los actuales.



PROCOPIO
 


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