Computadoras escolares y caballos de Troya

Fecha Publicación: 18/1/2017

No hay nada más atractivo que la novedad, mejor todavía cuando ésta se renueva a cada rato, se transforma en un motivo por si misma, sin pasar por los resguardos de la necesidad real. Una reflexión necesaria ante el surgimiento casi cotidiano de nuevas tecnologías. En consecuencia, como se ha tenido la oportunidad de verificar, hay circunstancias en las cuales su valor tiene que ser sometido a escrutinio, ya que lo nuevo no es necesariamente sinónimo de mejor.

En un estudio de hace varios años, con el descriptivo y ya casi obsoleto título "Los jóvenes y el uso de computadores e internet", el Instituto Nacional de la Juventud trató de indagar en las prácticas de uso y los significados que los jóvenes entre 15 y 24 años atribuyen a las entonces relativamente nuevas tecnologías, con muy poca sorpresa se concluyó que el computador y la red eran vistos por éstos como una herramienta que facilitaba el desarrollo del aprendizaje escolar.

Como soporte, se declara que las redes eran claramente valorada por la posibilidad de acceso a información y comunicación, una conexión que supone la posibilidad de satisfacción de necesidades funcionales, recreativas y de aprendizaje, describiéndolas como una necesidad. Por otra parte, se le asigna un alto valor en este último proceso, los sujetos aprenden a relacionarse con el computador y la red, definiendo esta modalidad como autodidacta, abierta y acumulativa, donde el colegio solo es asociado a la presentación de orientaciones básicas.

Ese paradigma está siendo desafiado por la investigación contemporánea, indicando que la administración del uso por los estudiantes es esencial para el empleo eficiente de las computadoras en el aula, de no controlar ese factor, el uso personal durante la instrucción puede crear una distracción de las lecciones, además de impedir, por reemplazo, el desarrollo de habilidades matemáticas o destrezas de lectoescritura.

En una publicación reciente, dos investigadoras de la Universidad Estatal de Michigan S. Ravizza, y A. Henion, estudiaron el uso de computadores portátiles en un curso de psicología introductoria y encontraron que el tiempo promedio dedicado a navegar por la web para propósitos no relacionados con la clase fue de 37 minutos. Los estudiantes pasaron la mayor parte del tiempo en las redes sociales, leyendo correo electrónico, comprando artículos como ropa y viendo videos.

Su advertencia principal es de especial importancia, ya que sale al paso de la creencia popular que tener computadoras en las salas de clase es una ventaja clara para efectos académicos, por el contrario, los datos de esta investigación permiten concluir que navegar por Internet en esas circunstancias está vinculado a peores resultados de las pruebas, incluso entre los más inteligentes y motivados de los estudiantes. 

En las conclusiones se observa que tomar notas en una computadora portátil no es tan beneficioso para aprender como la tradicional manera de tomar apuntes, escribiendo a mano, "una vez que los estudiantes rompen su laptop abierto, es probable que sea tentador hacer otros tipos de tareas basadas en Internet que no son relevantes para la clase", una relación perjudicial que plantea dudas en relación al uso de estos recursos de modo rutinario.

No sería la única vez que los artefactos de la tecnología resulten ser presentes griegos, de esos que es mejor dejar al otro lado de la puerta.


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