Con el gusto perdido

Fecha Publicación: 18/1/2017

La brecha generacional no solo se ha ensanchado, sino que se produce entre tramos cada vez más cercanos, hay una especie de consuelo para los mayores, desplazados displicentemente por la generación de recambio, al ver que entre los grupos de doce y los de dieciocho años ya empieza a perfilarse una diferencia insalvable, con otros gustos y predilecciones, la idea ayuda a los que están quedando obsoletos a sentirse más acompañados, en este universo en el cual el futuro llega a cada rato.

Menos mal que no todo cambia con tanta velocidad; la fisiología humana, en cosas del sabor o el gusto, por ejemplo. Con la edad se empieza a desmejorar la velocidad de reemplazo de las papilas gustativas, al principio todo marcha bien, las que se gastan, en una semana o diez días, son ágilmente repuestas, lentamente cambia el panorama, después de los cuarenta y cinco años, el stock de repuestos empieza a agotarse y se suele recurrir al aumento de los estimulantes del sabor. En parte debe ser en parte por eso que, en general, a casi nadie le gusta envejecer.

El sentido del gusto es importante, se suele decir, sin pensarlo mucho, que sobre el gusto no hay nada escrito, ese lugar común no resiste análisis, si hay algo sobre lo cual se haya escrito mucho es precisamente sobre el gusto. Lo que no está escrito es algo definitivo, que pueda predecir cómo nos van a gustar las cosas cuando tropecemos con ellas, por ser nosotros tan distintos y las cosas distintas también.

Afortunadamente, permanece por mucho tiempo la capacidad para reconocer las cosas de mal gusto, una capacidad que algunas figuras públicas, se supone referentes sociales, parece desconocer, insistiendo en exhibir conductas que dan asco. 


PROCOPIO


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