El inamovible derecho a pataleo

Fecha Publicación: 16/1/2017

En circunstancias domésticas, cuando una situación desagradable o un sentimiento negativo se acumula por largo rato, de días a meses, de pronto aparece el inevitable instante cuando la proverbial gota rebasa el vaso y se desatan las furias, en situaciones controladas, temporales retóricos con diversos grados de virulencia o sarcasmo y en otros casos, violencia compatible con golpes y ruptura aleatoria de objetos, con cierta predilección por los platos, a tal punto que alguien tiene que pagar finalmente por los que resultan rotos.

Estas descargas, dan la oportunidad de aliviar tensiones y crean un espacio nuevo a la reflexión. En términos coloquiales, terminado este exabrupto, darle a los problemas otra vuelta. Hay una palabra que resume esta necesidad, acompañada por una práctica milenaria de sus efectos; catarsis, un término de origen griego que significa purificación del espíritu conturbado por medio de la liberación de la verdad asumida. 

Catarsis no es una palabra que tenga abundante uso en el vocabulario popular, pero su sentido no es ajeno a nadie y da lo mismo, ya que se practica sin saber que aquello tiene nombre. En la situación actual de los asuntos del país y en aquellos futuros de los cuales seguramente se tendrá conocimiento, es posible que se acumulen sentimientos negativos, desde las rabias a las frustraciones, con estaciones intermedias de desilusión y pena, episodios de catarsis de diferente magnitud son perfectamente esperables.

Catarsis es una palabra más bien solemne, para efectos prácticos es mejor remplazarla por el libre derecho a pataleo, parte importante de la tradición nacional, salvo que las metidas de patas y manos alcancen dimensiones insoportables.


PROCOPIO


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