Libros, objetos duros de matar

Fecha Publicación: 10/1/2017

Ya podemos darnos por enterados, los libros están en sus últimos y agónicos estertores, al borde de la muerte y de su inminente y definitiva extinción. Después de un largo reinado, sin alternancia, sin contrapeso, han encontrado una competidora electrónica inmisericorde dispuesta a borrarlos definitivamente del mapa y recobrar espacios físicos considerables en anaqueles repletos de escritos añejos. 

Hay un pero, el planeta está plagado de personas que rehúsan a cambiar así como así, sin dar una lucha enconada, una forma de vida, la costumbre venerable de encontrar los mensajes de otros hombres presentes y pasados, lejanos y en cercanía, en hojas de papel llenas de letras ad nauseam, con un lindo par de tapas; una al anverso y otra al reverso, como un sándwich de hojas, con diversos tamaños y alturas. Un mecanismo que en su simpleza ha despertado pasiones, abrir las ya descritas tapas y leer; las cosas que allí hay descritas, las historias narradas, las emociones y sentimientos, las reflexiones, el conocimiento, no tienen principio ni fin, es un solo libro lleno de capítulos, los libros escritos por el hombre, apenas pudo éste usar esa forma de ponerse en contacto con los otros.

Hay algo definitivamente ritual en ponerse a leer, es como bajarse del planeta, un ejercicio altamente recomendable, sumergirse en otra realidad sin que desaparezca del todo la nuestra, porque nosotros somos los lectores, es decir, los traductores, los interpretadores, los resucitadores, porque sin nosotros el libro es sólo un objeto inerte y mudo. Hay toda una legión internacional de convertidos al ritual de tener libros y guardarlos y cuidarlos como hueso de santo, no la tienen fácil las tecnologías de reemplazo.



PROCOPIO
 


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