El innovador concepto de barrio ecológico

Fecha Publicación: 9/1/2017

En medio de un universo de globalización es posible encontrar, como indispensable componente, espacios donde lo individual difiere de lo colectivo, marcas de identidad y de diferencia que resultan indispensables ante la amenaza que todo el planeta termine siendo la copia de un solo modelo. Ha sido la pérdida de identidad lo que ha motivado episodios de separación, comunidades, grupo o naciones enteras que se revelan ante la amenaza de tener todo como todo el mundo y una sola manera de ser, cuando en esencia somos distintos y diversos.

En la escala menor, las grandes urbes, con la progresiva tendencia a homogeneizar sus construcciones, cada vez más altas y cada vez más anónimas, que si bien es cierto permiten la utilización racional del suelo disponible, al mismo tiempo aglomera personas que para preservar su intimidad eligen aislarse. El resultado neto es muchos habitantes inconexos, que no sienten, por supuesto, identidad alguna por el entorno, que siendo de todos no es responsabilidad de nadie.

La reserva de esa identidad amenazada por el olvido y la masificación son los barrios tradicionales de la ciudad, los que han tenido la fortuna de ser habitados por un continuo de familias, generación tras generación. En esos entornos el espacio tiene dueño y tradición, mantenida, con las variaciones del tiempo y el progreso por los sucesores. El espacio en cuestión suele tener algunos referentes arquitectónicos, una plaza, un punto de encuentro, que perfectamente puede ser una escuela o un templo.

En la actualidad, de acuerdo a las tendencias económicas y sociales emerge un concepto nuevo, que bien puede ser el que alguna vez hubo en tiempos remotos, la transición a los así llamados, Ecobarrios. En algunas ciudades de Europa existen sociedades completas que viven de sus propios autocultivos, por ejemplo, en Totnes, un pequeño pueblo de 10.000 habitantes al sur del Reino Unido, ha logrado organizar a su comunidad para practicar un nuevo estilo de vida, enfocado en la economía local y el cuidado de sus alimentos. 

Con parecidas motivaciones, en Zarzalejo, de la comunidad de Madrid, también practican la vida sostenible, donde la consideración del intercambio de necesidades sociales, la capacitación entre vecinos para la eficiencia energética de sus casas, entre otras cosas, han permitido el empoderamiento social colectivo, sin tener que esperar que los gobiernos empiecen a hacerlo, su declaración es de ámbito cercano; "somos un grupo de vecinos y vecinas que ha tomado la decisión de actuar de manera colectiva frente a este cambio de ciclo que vivimos actualmente convencidos de que es posible una sociedad menos consumista y con más intercambio, menos material y más personal". Se estima que cerca de 2.000 ciudades y pueblos ya están en transición en el mundo. 

La tendencia ha tenido réplicas en Chile, con organizaciones sociales o municipales para emprender este tipo de iniciativas, que varían desde rescatar espacios públicos con fines educativos y ecológicos, a la agricultura urbana, que busca acercar a niños y jóvenes a la experiencia con la tierra, que a veces ni siquiera saben sembrar una semilla, crear una pequeña huerta. 

Es una dinámica interesante, porque además de los objetivos evidentes, hay bienes adjuntos aún más trascendentes, como el acercamiento social y la salud física y mental de quienes se involucran.


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