La dura e insuficiente lección de los incendios forestales

Fecha Publicación: 8/1/2017

Desde hace muchos años se ha transformado en una mortal rutina; la llegada del verano y la apertura de la estación de los incendios forestales, a tal grado que salvo para los directamente afectados el asunto es observado como cosas que pasan cuando hay calor y viento. Declarado lo cual, todo el problema radica en interpelar a los directamente responsables del control del fuego y su eventual sofocamiento en los sitios amagados, en la medida de lo posible con las menores molestias para la población, que quiere verse sin carreteras afectadas y sin humos molestos.

La televisión muestra las imágenes esperables; los vecinos sacando escombros, rescatando ropa y restos de electrodomésticos, la lucha de campesinos por salvar a sus animales, la búsqueda de albergues y la rogativa por ayuda estatal para reponer casas pérdidas. Los pasos siguientes son aludir a costos de los medios utilizados para apagar el incendio y la pérdida de material de bomberos. Si hay buena fortuna no hay pérdidas de vidas humanas y las brigadas forestales pueden regresar indemnes a sus cuarteles.

Hay en toda esta secuela de acontecimientos una sostenida e insoportable nota discordante; la repetición de hechos de profundo y negativo impacto, con tal frecuencia que llega a confundirse con rutina. Por supuesto que una vez que los hechos ocurren hay una actividad intensa, nadie puede acusar a las autoridades y organismos de no prestarles la debida atención, lo que sucede es que se reacciona, pero no se anticipa, no hay una respuesta consistente para evitar que estas tragedias se sigan repitiendo año tras año.

Reconocidamente hay circunstancias relacionadas con los daños de más impacto social; el primer factor es una masa forestal de especies altamente combustibles, altas temperaturas y viento. La Corporación Nacional Forestal levantó, a mediados de 2015, un catastro en 24 comunas de la Región del Bío Bío, identificando 148 puntos críticos de ocurrencia de incendios forestales, en los cuales pueden verse afectadas personas o viviendas, el 40% de estos puntos se encuentra en la provincia penquista.

El segundo gran factor es el avance hacia los cerros de urbanizaciones, la más de las veces precarias, como ha ocurrido en Valparaíso, como ejemplo lamentable, desreguladas y con ausencia de resguardos en cuanto a manejo de basuras, desechos o conductas de riesgo favorecedoras de incendio, Durante los primeros días de 2017, en dos de los 22 incendios forestales ocurridos en nuestra región hubo peligro para las viviendas.

El tercer factor es de naturaleza humana, no cabe duda que en Chile y en el mundo, la directa acción del hombre humana es la que ocasiona la mayoría de los incendios, por descuidos o negligencias, por una escasa cultura ambiental o por intencionalidad originada en motivaciones de distinto tipo, incluso la delictiva.

El cuarto factor es la falta de monitoreo constante de estas situaciones conocidas, no esperar que, inalteradas, sirvan otra vez de explicación para grandes conflagraciones. Comentario aparte son los medios para extinguirlos, su oportunidad y eficiencia. Nuestra región es particularmente vulnerable, se está todavía a tiempo para dar una mirada a las actuales circunstancias y evaluar los sectores donde la historia larga de desgracias señala donde que hay que poner particular atención.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF