Alianzas, o a la fuerza no es cariño

Fecha Publicación: 8/1/2017

En algunas épocas particularmente, pero sobre todo en la Edad Media, los casamientos de los príncipes y princesas eran unos de los más utilizados recursos para resolver problemas de estado, conquistar a gente ambiciosa a punto de convertirse en adversaria, o para pagar deudas actuales o futuras. Para la mentalidad contemporánea, cada vez más cierta de los derechos de las personas, estos procedimientos podrían parecer intolerablemente abusivos y arbitrarios, pero bien puede ser que para los niños y niñas nobles de esos tiempos hayan sido aceptados, al saber desde la cuna que tendrían que sacrificarse por el bien de la Corona.

Los resultados de esas uniones, después de cuidadosos estudios del mercado de sangre real y de la sabia y sesuda opinión de políticos y juristas, no siempre fue feliz, con matrimonios regios muy mal avenidos y sabrosos episodios de infidelidades, escándalos e hijos de dudosa procedencia por ambas partes, para regocijo de los cronistas de la farándula medieval.

Regresando a realidades más prosaicas, alianzas de conveniencia, son el pan de cada día en la política tradicional, aquella que ha logrado sobrevivir las condiciones más adversas, como suele hacerlo la burocracia, mediante el tejido de una densa e inextricable red de socorros mutuos, lamentablemente la parte de lo mutuo, es el eslabón más débil, la amistad deja de ser redituable o conveniente y hay separaciones traumáticas, sin rubores, ni sensación de culpa.

Algunos ciudadanos antiguos se cansaron de nobles mostrando conductas dignas de vergüenza, inexplicables faltas a la decencia, sin arrepentimiento. No pocos ciudadanos actuales, ante maniobras similares de sus actuales dirigentes, viviendo su propio mundo, también.


PROCOPIO
 


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