Agua de hierbas, remedio infalible

Fecha Publicación: 6/1/2017

En las llamadas ciencias de la salud, siempre ha habido un lugar para bebedizos, tizanas, colirios e infusiones, de contenido simplón y casi lógico, como agüita de menta o apio, u otros preparados un tanto más misteriosos, como agua de las carmelitas o de variada y ricamente insinuante denominación, en la cual reposa, no pocas veces, una parte considerable de su prestigio y eficacia. 

En las familias de antes, más otras remanentes rurales, había un rotundo e indesmentible convencimiento sobre los efectos definitivos de alguna de estas pócimas para resfríos, dolores de estómago y una que otra obstrucción de la tubería respiratoria, más el aporte de una señora antigua, por no decir anciana de mala catadura y esmirriado tamaño, que dominaba la recóndita ciencia de proteger a los niños, especialmente los más lindos y de mejor apariencia, a los cuales gente envidiosa les causaba males de ojo. Condición misteriosamente desaparecida en los últimos tiempos. 

Para deshacerse, no de males, sino de gente inconveniente, había otro rubro de expertos en agüitas y preparados, los envenenadores más célebres en diversas épocas, nombres casi mitológicos de profesionales altamente calificados para despejar las rutas del poder o el dominio de clientes tan adinerados como inescrupulosos. Tanto ellas como ellos, en una tramazón de red invulnerable de complicidades que le daba confiabilidad al sistema, ya que si les descubrían también quedaría expuesta su respetable clientela.

Actualmente, con todo lo que se ha avanzado, en la farmacia se puede encontrar de todo, para reemplaza a las agüitas y en casos más tenebrosos, a los intermediarios del otro mundo, por eso hay que mirar con mucho cuidado el texto de las etiquetas.


PROCOPIO


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