Necesaria inversión en salud laboral

Fecha Publicación: 29/9/2015

Entre tanto dato interesante y de rápida utilización política, el interés a veces morboso, por saber cuán mal están las cosas o para observar el aumento de la desconfianza y otros parámetros de alto impacto negativo, otros asuntos pueden pasar injustamente inadvertidos. Especialmente cuando las sociedades alcanzan un nivel excesivo de materialismo, llegando a las etapas avanzadas de asignar valor solo económico a las personas, el cáustico "tanto tienes, tanto vales", de ese modo las cosas del espíritu quedan relegadas a un sector brumoso de asuntos por resolver.

En términos parecidos al dolor de los niños, que suele ser considerado problema solo si esta situación molesta a los mayores, el mundo de las cosas del alma, empiezan a ser interesantes solo cuando tiene manifiestas consecuencias económicas.

Por razones de este orden, se entiende ahora con más claridad que resulta fundamental el ambiente y el clima laboral, y que estos generen condiciones de bienestar que motiven a los trabajadores y contribuyan a mejorar su calidad de vida. Por una parte, eso incide en su desempeño, con resultados en productividad y rentabilidad y, por otro, en su estado anímico, círculos que pueden ser tanto viciosos como virtuosos.

Una fuente de preocupación es que para los modos predominantes en el ambiente laboral chileno, parece que se ha instalado con mucho más fuerza el círculo vicioso, no solamente en este país, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina y el Caribe padece un peligroso "círculo vicioso" en su mercado laboral, que mezcla la precariedad en los empleos, la informalidad y la baja productividad de los trabajadores. Añadido el peso de una sociedad aspiracional que se suma a la creciente presión en el entorno laboral con resultados visibles no solo en lo personal, sino también en su entorno más próximo, familia y compañeros de trabajo.

En Chile, un estudio del Ministerio de Salud señala que un 30% de las licencias médicas corresponden a dolencias físicas y el 48% del ausentismo laboral se debe al estrés, lo que resulta particularmente alarmante porque otros análisis confirman que el estrés aumenta cada año en el país. La encuesta 3D Adimark informó que en el año 2015 el 39% de los chilenos se declaraba estresado, contra el 22% registrado el 2012.

Desde la óptica de los empleadores, el estrés en el trabajo está asociado con una reducción de la productividad de las empresas y un descenso de la calidad de vida de aquellos que lo sufren. Ante estas circunstancias se observa un alto índice de licencias médicas o disminuciones de eficiencia de los grupos de trabajo, lo que naturalmente se refleja en peores números finales de la empresa.

Se abre así un interesante cambio de paradigma; trasladar desde el ámbito de los problemas personales del trabajador -asunto que debiera resolver solo por sus propios medios- a implementar un proceso que considere el crítico factor de satisfacción laboral, una inversión en el mundo de las empresas y de las organizaciones gremiales, que impacta directamente en la motivación y compromiso de los colaboradores, al quedar demostrado que a mayor satisfacción laboral, mayor productividad y aumento en el rendimiento de los equipos. 

En estos tiempos de crispamiento, con las negociaciones en el horizonte, es muy posible que haya que hacer un esfuerzo adicional para ocuparse de estos asuntos del espíritu, que están harto más cerca de la tierra de lo que a primera vista parece. 


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