El abundante club de la pelea

Fecha Publicación: 2/1/2017

Los tiempos no están para los niños buenos, las joyas de la casa, el orgullo de sus madres, los actores protagónicos de todas las narrativas maravilladas de sus progenitores a quienes se pongan a su alcance. Las cosas han cambiado, probablemente no para bien, lo que era una virtud parece ser una debilidad, un rasgo de personalidad indefensa que mueve a los más avisados a sacar rápidas ventajas corto placistas.

Es una experiencia compartida en padres tradicionales y conservadores, esos que creen en la fenecida buena educación de sus hijos, ordenados y respetuosos, los cuentos de los acontecimientos y diversiones en los patios de los colegios, no precisamente los considerados de mayor riesgo social, que muchas veces parecen historias de recinto penitenciario.

Todos hemos sabido del matonaje, los que quieren saber pueden enterarse, además, de la violencia transversal, es decir para con los compañeros- una denominación que habría que reconsiderar, para con los profesores y para con el que se ponga por delante, si se le encuentra un lado frágil, apto para el abuso físico, psicológico o crueles combinaciones. 

Como se comenta al principio; no la tienen fácil los niños que han sido educados en el respeto y la gentileza, a los que piden las cosas por favor y suelen ser considerados con los derechos de los demás. El más popular del curso es probable que sea el más proactivo, como se dice ahora, casi un eufemismo por atropellador e insolente. Si más encima le sale natural eso de repartir empujones o golpes, entonces ha de ser necesariamente digno de la más abyecta admiración.

El resultado neto tiende a perpetuarse en el comportamiento recíproco de los ciudadanos, ya es tiempo de cambiar el reglamento.


PROCOPIO


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