Acreditación institucional y fe pública

Fecha Publicación: 31/12/2016

Para el ciudadano común, incluso el que vive y transita en su cercanía, es difícil de comprender el tamaño y la profundidad de sus emprendimientos, más allá de su tarea esencial de preparar los mejores profesionales, en sus carreras de pregrado, o las cifras que demuestran el impacto de sus programas de postrado. Se trata de su compromiso con el desarrollo de la Región y el país.

 

La Universidad Concepción cierra el año académico de la mejor manera posible, ubicándose en el sitio que le pertenece, aquel donde se llega a través de la excelencia, con justicia se la ha acreditado por siete años, la máxima calificación de la Comisión Nacional de Acreditación. Se instala así como la primera universidad regional en esa categoría.

Puede ser que para la comunidad penquista, que la ha visto desarrollarse y la siente como cosa propia, esta calificación no sea extraña, que sería sorprendente más bien que no la tuviera, pero para la comunidad académica nacional, que a través de numerosos mensajes ha hecho llegar a la institución sus muestras de complacencia y felicitación, se pone en evidencia la magnitud y calidad del trabajo de esta casa de estudios. 

Se ha descrito por décadas la condición de la Universidad como completa y compleja, ya que para el ciudadano común, incluso el que vive y transita en su cercanía, es difícil de comprender el tamaño y la profundidad de sus emprendimientos, más allá de su tarea esencial de preparar los mejores profesionales, en sus carreras de pregrado, o las cifras que demuestran el impacto de su programas de postrado. Se trata de su compromiso con el desarrollo de la Región y el país, cuando desde el inicio su principal motivo fue el dar una oportunidad a todos los jóvenes del sur de Chile, imposibilitados de proseguir estudios en la capital, la única posibilidad hasta inicios del siglo pasado.

Desde el principio fue concebida como una ciudad universitaria; como tal, el 17 de marzo de 1919, comenzó a funcionar con sus primeros 123 alumnos, ciudadanos de la ciudad universitaria en ciernes, distribuidos en las escuelas de Dentística, Farmacia, Química Industrial y Pedagogía en Inglés, la que más tarde se transformó en la Facultad de Educación. Un capítulo enteramente olvidado en la introducción del proyecto de ley de educación, del 4 de julio de 2016, al hacer una breve historia de la educación superior chilena.

Para Enrique Molina, el primer rector, la nueva Universidad, además de formar profesionales, debía conectarse con las comunidades, enriquecer la investigación y fomentar la cultura, insistiendo que si bien la industrial es justa, necesaria y salvadora, no debe convertirse "en un ídolo fenicio que lance el rayo destructor contra todo lo humano, toda la cultura que ennoblece y embellece la vida".

Son tiempos complejos los actuales, con avances tecnológicos que pueden transformar completamente los paradigmas de la sociedad contemporánea, inmersos más en la materia que en el espíritu, la universidad puede ser, como lo ha sido por siglos, el centro donde se preserve el espíritu inmortal del hombre, justa tarea para la pluralidad de la Universidad de Concepción y su condición de centro formador comprometido con la sociedad, desde el principio inclusiva y abierta.

Durante su larga existencia ha visto transcurrir cambios sociales y políticos de enorme complejidad, ha sido parte de la dinámica social de las épocas por las cuales ha cruzado su existencia, en su propia y rica diversidad ha evolucionado con los tiempos y no ha estado libre de los conflictos propios de los organismos que no terminan de crecer, tiene sin embargo, en sí misma, los elementos que le permiten seguir avanzando hacia el futuro, preservando la libertad de su espíritu, como ha sido en casi un siglo de existencia. 


 


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