Oportunismo dietético

Fecha Publicación: 30/12/2016

Entre panes de pascua y colas de mono se deslizan estos días, el asunto es pensar por qué el sabor dulce es tan importante, por qué hay tiendas de dulces y no de agrios. El sabor dulce es totalmente ajeno al verdadero carnívoro, un león comiendo superochos sería un animal ridículo y patético, digno de inmediata e ignominiosa expulsión de la manada. Pero, para los primates, siempre con el alma en un hilo, arriba de las ramas, o con brevísimas estadías en superficie, ese sabor indica frutas en condiciones óptimas, con buen aporte de carbohidratos y vitaminas, para no mencionar minerales y una que otra proteína útil, casi lo justo para no morirse de hambre allí mismo.

Como no se podía prosperar con una dieta de energía rápida, que se agota pronto y obliga a estar comiendo todo el santo día, nuestros antecesores remotos exploraron con paciencia y audacia dignas del mayor aplauso, todo tipo de alimentos, se volvieron oportunistas, lo que en dieta significa comer de todo, no como un animal carnívoro que es, dietéticamente hablando, un especialista, filete o nada. Nuestra especie perseveró en la primera opción, lo que por supuesto tiene más flexibilidad, lo cual siempre es una ventaja.

Un estudio minucioso de la dieta de macacos japoneses demostró que estos gentiles animalitos comían ciento diecinueve especies de plantas, en formas de yemas, retoños, hojas, frutos, raíces y cortezas, más delicatesen como variedades de arañas, escarabajos, mariposas, hormigas y huevos. En comparación, la dieta de un carnívoro es pavorosamente monótona.

Tener la capacidad de comer de todo no significa la obligación de comerse todo lo que se atraviese, sin dejar rastro. A tener presente en la cena de Año Nuevo.

Procopio


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