El impacto de los estudios superiores en la movilidad social

Fecha Publicación: 22/12/2016

Siete de cada 10 estudiantes supera la educación de sus padres. A comienzos de la década de los ‘90 había poco más de 200 mil alumnos en educación superior, hoy la cifra es de más de un millón de matriculados en el sistema terciario, sumado al hecho que la cobertura se quintuplicó en los últimos 20 años.

 

Cuando los tiempos parecen estar inmersos en dudas o complejidades, es recomendable hacer una pausa reflexiva para hacer las debidas evaluaciones, antes de añadir nuevos conflictos y dudas generados por falta de escrutinio y empeorar las cosas, un círculo vicioso que tiende a acelerarse y ganar en profundidad.

Hay un cambio positivo y silencioso que está marcando la nueva generación, el mayor acceso a la educación, lo que ha está cambiando la composición de la sociedad en su conjunto de tal manera que se transforma paulatinamente en otra realidad, de la cual se puede esperar mayor progreso, en términos concretos, según un estudio de la U. Alberto Hurtado, la mayoría de los padres de los alumnos que hoy están en alguna institución de educación superior sólo alcanzó a completar la enseñanza media: un 24,1% en el caso de los hombres y un 24,9% las mujeres. La cifra es aún más baja cuando se observa el porcentaje de padres que completaron la enseñanza terciaria: un 10,1% entre las mujeres y un 10,9% en los hombres.

Para las simplificaciones numéricas y en términos gruesos, siete de cada 10 estudiantes supera la educación de sus padres. Hay que tomar conciencia del cambio en las últimas décadas, si a comienzos de la década de los ‘90 había poco más de 200 mil alumnos en educación superior, hoy la cifra es de más de un millón de matriculados en el sistema terciario, sumando al hecho que así como la cobertura se quintuplicó en los últimos 20 años, también se observa un avance en materia de años de estudios, aumentando de manera significativa el nivel académico de los chilenos. 

Sin embargo, no se trata solamente de agregar alumnos al sistema, la misma investigación, si bien ratifica el aumento de la cobertura en educación superior, también señala que no se ha traducido en un cambio en la movilidad social. Se observa que en los jóvenes hay notables diferencias de expectativas, de esa manera, los estudiantes que provienen de niveles socioeconómicos más bajos, un 34,3% tiene la expectativa de ganar $ 600 mil o menos. Mientras que sólo un 5,3% de los jóvenes que pertenecen a los niveles socioeconómicos más altos, tiene esa misma perspectiva.

Parecida diferencia se expresa igualmente al momento de elegir universidades, mientras los alumnos de sectores más vulnerables consideran que podrían ingresar a instituciones de menos prestigio, con bajos niveles de acreditación, o no acreditadas, pero accesibles para ellos por motivos económicos, los de mayor nivel socioeconómico confían en completar sus estudios en los centros más prestigiosos y exigentes. Una situación que determina el cumplimiento de las profecías de ambos grupos, resultante en la perpetuación de la segmentación social que ahora existe.

A pesar de esta observación, es evidente que si un joven obtiene un título de educación superior, tiene mayores posibilidades de movilidad social, el egresado de una carrera universitaria o de un centro de formación técnica o instituto profesional tiene ingresos más altos y mejores condiciones laborales y para su familia un nuevo y mejor punto de partida.

El otro cambio observable es el aumento de ingresados a la educación técnico profesional, un ámbito que está empezando a evidenciar la existencia de una nueva puerta que compatibiliza estudio y trabajo, un cambio que puede ser la respuesta al desafío de tener una sociedad más equitativa. 

 


 


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