Descentralización desde las regiones

Fecha Publicación: 27/9/2015

Según la dinámica que se observa, en el intento de avanzar con las reformas que el Gobierno contempla como su compromiso ineludible, los cambios ocupan cada vez más espacio en la agenda y según la magnitud de las dificultades, es la reasignación de prioridades, o ante obstáculos mayores, nuevas y sucesivas propuestas, con avances y retrocesos. Es parte del juego político encontrar un equilibrio entre lo que es posible negociar y las ideologías, como la ciudadanía ha sido testigo, más visible ahora ante la multiplicidad de escenarios en los cuales se encuentran las diferentes instancias.

No es necesario prestar demasiada atención para observar qué proyectos resultan desplazados por las mayores urgencias, o cuales logran competir en el orden de importancia utilizando las herramientas políticas, en el perpetuo juego del poder o la influencia.

Entre las iniciativas evidentemente desplazadas, está la descentralización, hay demasiadas razones para postergarla o reemplazarla por algún arabesco administrativo que cumpla con aspiraciones de orden secundario, sin amenazar el orden establecido, sin restar poder a quienes ahora lo poseen y del cual, por larga experiencia, hacen uso y abuso. 

Si se realiza un ejercicio histórico, en el nacimiento de nuestra joven república, podría comprenderse que no quedaba otra solución que ejercer un fuerte poder centrípeto para lograr cohesionar regiones del territorio más que dispuestas, como ha sido el sino de Latinoamérica, a ejercer autonomía y dar un sitio de predominio al cacique de turno, mientras se desarrollaba un sentimiento de patria común, un sentido de pertenecía e identidad.

Que Chile ha madurado, que a los chilenos no les cabe duda alguna que pertenecen al mismo país, es una verdad que resulta de una obviedad elemental, sin embargo, cuando el poder central se apodera de los espacios hasta alcanzar niveles de paternalismo, la nación unitaria, en términos virtuales, se divide, tanto así que resulta no solamente coloquial referirse a la existencia de otro país, la caricatura de las megápolis del tercer mundo, unas pocas ciudades enormes, rodeadas de un cinturón de pobreza y todas las otras en el mínimo, con la mano permanentemente tendida. Por tanto tiempo que ni se percibe el grado de indignidad.

En términos concretos, una sola muestra, la preocupación de algunos políticos, discurso casi ciertamente dirigido a la galería, porque el proyecto de ley que establece la elección directa de los intendentes duerme el sueño de los inocentes en el Senado, desatendido, incluso el paso previo por la comisión respectiva. Sin mayores ruidos, ese indicador basta para, conocido los tiempos legislativos, que este proyecto se haga efectivo el año 2017. Otro senador, con similares propósitos, señala que además de aprobarse esta reforma, tiene que hacerse lo propio con una ley orgánica. Ambas declaraciones muy rotundas, pero carentes de consecuencia en el parlamento, de lo contrario el proyecto no estaría donde está.

No se puede seguir esperando lo que buenamente ocurra, iniciativas como la de Corbiobío, dan la pauta, la agrupación de colectivos auténticamente interesados para conformar una fuerza que deba ser oída, hay poder suficiente para alzar la voz, empezando por los Cores, hay capital humano más que suficiente para elaborar las propuestas regionales, hay suficiente territorio para colaborar con el progreso pleno de la patria, lo que parece faltar es voluntad, más una dosis razonable de indignación y amor propio.


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