El difícil pero necesario camino para romper con diferencias desde la cuna

Fecha Publicación: 18/12/2016

Es un factor poderoso el aumento de la brecha en ingresos, sumado a una creciente segregación social de clase, de manera que los ricos y los pobres ya no habitan los mismos espacios de las ciudades; para Putnam, ricos y pobres cada vez están más aislados.

 

El sueño de cualquier sociedad sana es entregar más oportunidades y un mundo mejor a sus hijos, un mundo construido sobre las bases de la movilidad social, la igualdad y la noción de que todos los niños, sin importar su cuna, tienen la oportunidad de prosperar. Es posiblemente uno de los sueños colectivos de mayor cobertura, el que se replica en el mayor número de sociedades y al mismo tiempo, uno de los más difíciles de cumplir, ya que las dinámicas universales han creado un entorno que tiende a acentuar las diferencias en vez de disminuirlas, porque el diferencial de competencias establece rápidas y progresivas mayores brechas.

En una entrevista reciente de la BBC, Robert Putnam, comenta los alcances de su último libro, "Our kids" ("Nuestros niños"), en el cual aborda el tema de la desigualdad social, en términos muy generales, la posibilidad cada vez más lejana de conseguir igualdad de oportunidades. La diferencia con otras referencias a este tema, se establece por el prestigio del autor, politólogo y catedrático de la Universidad de Harvard que ha asesorado a tres presidentes de Estados Unidos; Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama.

En la estimación de Putnam, el sueño americano, por extensión, el sueño común, que estaba vivo cuando él estaba creciendo en los años 50, ahora probablemente está fuera de alcance. Aunque las personas viven una al lado de la otra, sus vidas son paralelas y sus oportunidades, distintas. 

El libro cubre uno de los temas recurrentes en psicología evolutiva, la época en la cual se producen los aprendizajes más relevantes, un concepto que ha evolucionado desde la concepción de edad escolar, la época convencional en la cual el niño adquiere conocimiento estructurado, al actual conocimiento, que el cerebro humano empieza a aprender tempranamente en la vida intrauterina, incluyendo determinadas memorias sensoriales, adquiridas por el desarrollo temprano del tacto y la audición.

En ese marco es posible comprender que así como las competencias de las que dispone un joven de 18 años son un predictor infalible de su desempeño académico en la universidad y asociadamente su exitosa inserción en el campo laboral, del mismo modo esas competencias están estrechamente ligadas a las que ha adquirido cuando tenía seis años, antes de ingresar a la escuela, hay en ese momento una gran diferencia según las experiencias infantiles.

La segunda diferencia, igualmente relevante está estrechamente relacionada con el nivel de educación de los padres y sus familias; la tercera, según el autor, es que esas diferencias de base se han acentuado dramáticamente en el último medio siglo, al punto que la escuela es impotente en remediarlas mitigando, por su intermedio, la desigualdad.

Concurren, igualmente factores propios de la sociedad actual, como las familias monoparentales, con impacto de los referentes claves para el niño, como así mismo, en factores de otra naturaleza, pero obviamente poderosos, como el aumento la brecha en ingresos, sumado a una creciente segregación social de clase, de manera que los ricos y los pobres ya no habitan los mismos espacios de las ciudades; para Putnam, ricos y pobres cada vez están más aislados.

Puede ser que la fuerza e irreversibilidad de estos factores pueda ser discutible, pero lo que sí está claro que mejorar la educación y favorecer la movilidad social, depende ciertamente de otras cosas.
 


 


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