Desconfianzas de Platón

Fecha Publicación: 17/12/2016

Hay momentos, más que lo que quisiéramos, en los cuales parecen hacerse presentes las ideas del viejo Platón en relación a la vida de la polis, la unidad social última del antiguo mundo griego, como puede ser un país en la actualidad, un colectivo cuyo nombre, como recuerda Tucídides, designó primeramente la fortaleza construida en lo alto de la montaña o la colina y que se extendió después al conjunto de lo edificado al pie de ella.

A tal centro de población se unieron o sometieron aldeas circunvecinas, con vínculos que pudieron ser tribales, de sangre o parentesco y finalmente de una historia común que los identifica y separa de otras polis, de otras patrias, con diferentes formas de gobierno.

Es allí donde Platón propone a la forma ideal; la república, que no es la construcción ideal de una sociedad perfecta de hombres perfectos, sino una especie de tratado de medicina política para los regímenes existentes en su tiempo, que permite buscar el cambio necesarios para que los Estados enfermos puedan recobrar su salud; con la mente puesta en la peor de estas enfermedades estatales; la tiranía, como enfermedad extrema y terminal de la polis. 

Hay que aclarar que Platón no propone un control de quienes tienen derecho en la polis por un mezquino espíritu de casta, sino por estar convencido que podía haber un pueblo, un demo, menor de edad e insensato y unos demagogos que le arrastran a su capricho, abusando de su incapacidad y falta de sentido. Para el mundo contemporáneo, con el mismo riesgo presente, ya que para las insensateces siempre hay mercado, hace falta ventilar las propuestas de los candidatos para hacer evidente la intención de manipular al pueblo, populísticamente.


PROCOPIO


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