Consensos y evidencias sobre el impacto de la marihuana en la salud

Fecha Publicación: 15/12/2016

En medios internacionales, se alude a nuestro país entre los más avanzados en la legalización del uso de la marihuana con fines medicinales, mientras que localmente se estima que esta legalización debería contemplar el libre cultivo de la cannabis y su uso personal, además, por supuesto, del uso terapéutico para algunas enfermedades crónicas o para mejorar la calidad de vida a personas con determinadas patologías.

Esta suerte de blanqueamiento de la droga, por sus efectos terapéuticos aún por determinar, puede tener un indeseable impacto en la percepción de sus propiedades, no solo de inocuidad, sino además de beneficio para la población de consumidores.

Es muy importante, ante la discusión que se avecina sobre este tema, recordar que la marihuana es la droga ilícita más comúnmente usada en los Estados Unidos y que su consumo se ha difundido entre los jóvenes, a tal grado que Chile ostenta el dudoso récord de más alto consumo juvenil en Sudamérica. Una investigación, elaborada por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la OEA, revela además el alto consumo de alcohol en jóvenes de entre 13 y 17 años y el aumento del consumo de marihuana en este sector de la población. Así, el consumo entre los jóvenes creció en todos los países del continente con excepción de Perú, mientras que Chile lidera el consumo de esta droga en la región, a pesar que en Uruguay, en el periodo 2003-2014, el consumo de marihuana se duplicó, pasando del 8,4% al 17%.

La legalización de la marihuana para el consumo medicinal o recreacional entre adultos podría tener un impacto adicional en esta situación, añadido al hecho que el número de jóvenes que creen que el consumo de la marihuana es nocivo ha disminuido, lo cual introduce el paradigma de substancia inofensiva, que puede ser extremadamente difícil de modificar.

Se sabe que cuando una persona fuma marihuana, el principio activo, entre otros, Tetrahidrocannabinol (THC), pasa rápidamente de los pulmones al torrente sanguíneo y de allí al cerebro con efectos inmediatos, como sentirse "dopado", con percepciones alteradas, ver, por ejemplo, colores más brillantes, distorsión temporal, falta de coordinación motriz, dificultad al pensar y resolver problemas y alteraciones de la memoria.

Hay abundante información además sobre los efectos del consumo asociado a la ingestión de alcohol. Sin necesidad de recurrir a los resultados de investigaciones, es evidente el potencial sumatorio de ambas substancias en las condiciones intelectuales y fisiológicas, al conducir, por ejemplo. Los chilenos beben 55 gramos de alcohol por día de consumo, casi triplicando el límite de 20 gramos propuesto por la Organización Mundial de Salud y además el uso de esta sustancia se concentra en sólo 1,6 días como promedio. Según estudios de Senda, el 43,7% de las personas que usaron alcohol en el último mes presentó consumo riesgoso, mientras que en la población escolar la cifra se elevó a 66%, esto es 2 de cada 3 estudiantes.

Teniendo presente estas cifras, a pleno conocimiento del alto consumo juvenil de marihuana y la concentración en determinados días de alta ingestión de alcohol, resulta absoluta e imperdonablemente irresponsable que haya legisladores chilenos que propongan la liberación de su uso. La indicación médica para pacientes en casos calificados, es un universo completamente aparte.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF