Atomización regional: la expectación ante la creación de comunas

Fecha Publicación: 27/9/2015

El comportamiento de los chilenos suele tener características que bordean el surrealismo, una misma calle, sitio de encuentro encarnizado entre protestatarios de diversa naturaleza y las fuerzas del orden, con gases lacrimógenos, chorros de agua y uso indispensable de bastones para recuperar el espacio público y la paz ciudadana, es seguido a minutos de haber concluido, por el pacífico desfile de madres con sus bebés en coches y peatones claramente distendidos, con paso calmo y liviana actitud, el conflicto reciente relegado a un pasado distante.

Si se hiciera una apreciación personal y no sociológica, al cuadro podría describirse como de déficit atencional, una incapacidad para mantener la concentración sobre determinado asunto, del cual puede ser distraído con facilidad.

Puede ser que esa característica permita explicar ese casi perfecto oxímoron entre descentralización, el robustecimiento de las regiones y la atomización de éstas en comunas, cada vez más pequeñas. Contradicción notable, porque camina en sentido contrario al robustecimiento de las primeras, transformándolas en sectores territoriales conformados por la unión cercana- juntos pero no revueltos- de minifundios, con cada pequeño señor feudal a la defensa de sus pequeños privilegios. La imposibilidad aparente de aceptar la condición de cola de león, para asumir el presumiblemente superior estado de cabeza de ratón.

En la escala mayor, se aplaude la división de la antes potencialmente poderosa Región del Bío Bío, en dos regiones, cada una con su quehacer, con los costos duplicados ante una nueva generación de autoridades y funcionarios, que a poco andar verán como indispensable la creación de nuevos organismos, plataforma ideal para las transacciones políticas con notable visión de futuro a corto plazo, al precio de abandonar el concepto contemporáneo de macrozonas integradas y competitivas. 

El Gobierno ha calculado en 17.200 millones de pesos el costo de la implementación de la nueva Región de Ñuble, según lo informado por la Dirección de Presupuestos, se supone que la misma región los genera, está claro lo atractivo que puede ser para otras regiones candidatas a división, las nuevas oportunidades de empleo, una planta para el nuevo gobierno regional de Ñuble con tres jefes de división, siete jefes de departamentos, veintiún profesionales, dos técnicos, seis administrativos e igual número de auxiliares.

Se añade, a mayor abundamiento, los cargos para la futura intendencia y las provincias de Punilla e Itata, el de intendente, dos gobernadores, nueve jefes de departamentos, tres profesionales, tres técnicos, seis administrativos y un número similar de auxiliares. En suma, 4.730 millones de pesos del fondo total se destinarán a personal de planta; otros 7.308 millones de pesos a funcionarios a contrata; mientras 384 millones de pesos se contemplan para honorarios en tareas específicas.

A menor escala, se mira con expectación la creación de nuevas comunas, con cifras también en menor escala, pero no despreciables, teniendo a la vista la magnitud de las necesidades de infraestructura de las regiones.

No ha sido necesaria una política abierta de divide et impera, ha sido suficiente con alentar presuntas y completamente reversibles situaciones negativas que buscan de este modo reivindicarse. Ocupados estos nuevos colectivos en sus comprensibles objetivos inmediatos, verán pasar la oportunidad de haber hecho del territorio un conjunto más fuerte sobre el cual asentar el progreso. La atención en el bien común ha sido nuevamente distraída.


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