La metáfora del ajedrez político

Fecha Publicación: 6/12/2016

Pensándolo bien, a pesar de tensiones internas y uno que otro sobresalto, los distinguidos representantes de la así llamada familia política, han de estar de plácemes, maniobrando a piacere en su propio mundo lleno de participantes con habilidades ocultas. En medio de rituales conocidos se acomodan las piezas en el tablero, con una cercana similitud al juego de ajedrez, cuyas reglas son más o menos las mismas que las que pueden aplicarse en ámbitos electorales, solo que más disimuladas y bajo cuerda en tiempos del prólogo.

Las piezas se disponen de parecida manera, con los peones al frente y en la segunda fila, cada cual con sus particulares destrezas, alfiles, expertos en movimientos oblicuos, los caballos con una carrera irregular, ya que de pronto giran en ángulos impensados, las necesarias torres en tiempo de ataque duro, que permiten un ágil enroque hasta que la tormenta pase y en el centro el rey y la reina, según corresponda.

Hasta ahí es más o menos predecible, lo que hace de este otro juego de la política algo particularmente atractivo, es que los reyes y las reinas no están ahí para quedarse, ya que de pronto surgen reemplazos y deben desocupar sus casillas. La otra particularidad, en este famoso arte de lo posible, es que los peones se rebelen y cambien de posición, o abandonen bruscamente el tablero. 

Como en los grandes campeonatos, el público, o la ciudadanía, no termina de sorprenderse por la capacidad de mutar y reagruparse en este otro ajedrez, con reglas del juego que cambian continuamente. Un asunto tan interesante que los del tablero olvidan cual es la razón de estar jugando. Sorpresa de los ciudadanos convencidos que el juego era para ellos.



PROCOPIO


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