En busca de la droga milagrosa

Fecha Publicación: 3/12/2016

Si hay algo que no pasa de moda es la búsqueda de la droga milagrosa, la panacea que nos libre de todos los males, o amortigüe a niveles insignificantes los que pudieran quedar pendientes. Para no ir demasiado lejos se podría aludir a uno de los proponentes más famosos, Theophrastus Phillipus Aureolus Bombastus von Hohenheim, Paracelso para abreviar, médico, alquimista y astrólogo.

Nacido en Zúrich en 1493, fue el primero en utilizar Láudano, un compuesto multipropósito que tuvo, era de esperar, éxito aplastante, ya que servía para combatir el dolor, la angustia, la ansiedad, el ataque de nervios, el dolor de muelas, entre un montón de otras aplicaciones potenciales.

La fórmula contemplaba vino blanco, azafrán, canela y opio, y su éxito resultó completamente convincente. En el siglo XVII, un médico inglés, Sydenham, considerado el Hipócrates de su tiempo, patenta el láudano con una variación en la fórmula y confiesa, con modestia, que ha recetado un total de 8000 litros de ese brebaje, con clientela selecta, el abate Rosseau, Richilieu, Luis XIV, para mencionar solamente algunos, aunque con uno de ellos ya era bastante para seducir al más escéptico.

Hubo además medicamentos conteniendo cantidades apreciables de cocaína o morfina, hasta una famosa bebida cola partió con algo de aquello en su formulación original, hasta la pérdida de la inocencia y el regreso a la cordura. Pero, como la necesidad sigue por allí, entonces se ha descubierto que la marihuana es lo mejor que hay, que debería consumirse libremente, sin reparar en evidencia creciente de su pseudoinocencia, pero se ha asociado a la libertad de espíritu y su control a los despreciables conservadores a ultranza. La historia no para de repetirse.



PROCOPIO


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