Verdades irrefutables en seguridad ciudadana

Fecha Publicación: 26/9/2015

No puede dejar de preocupar, toda vez que mientras algunos tratan de adjudicar el ambiente de inseguridad a exceso de cobertura, en los medios informales y redes sociales, corre otro ancho río de informaciones relativas a la delincuencia y sus interminables considerandos por la relación directa o las redes sociales. 

A lo menos de tres órdenes: los hechos tal y cual son descritos, las actuaciones de la justicia, representada por todos sus actores, aquellos que se hacen responsables de los enjuiciamientos y finalmente todos aquellos actos delictivos que no aparecen en las estadísticas y que permiten a la ciudadanía responder positivamente y con no poco fastidio las preguntas de las encuestas, si alguien de su entorno familiar ha sido objeto de hechos delictuales.

Es inaceptable el modo como han llegado a funcionar las bandas de antisociales, están actuando impunemente, con progresiva osadía, planificación y medios. Ya no se trata del ladronzuelo que arrebata una cartera y huye, o el que se roba la ropa puesta a tender, va más allá de la oportunidad, por el descuido de las víctimas. Es la actuación de numerosos delincuentes asociados, organizados y con los medios necesarios para operar, en una oportunidad creada mediante un evidente y cuidadoso trabajo previo.

No es necesario recurrir a la imaginación, los hechos están siendo tan repetidos que una descripción de su ocurrencia asume características de rutina: un grupo de antisociales realizó un violento asalto en el peaje X, en la región Z, llegaron en un automóvil, con armas de fuego y huyeron hacia el sur con la recaudación de la jornada. Como se suele agregar a título de corolario, personal de Carabineros realiza los peritajes correspondientes para identificar a los autores del asalto.

Las encuestas aludidas, con leves variaciones, indican que la delincuencia aparece en segundo lugar entre los temas prioritarios para los chilenos, solo un poco por debajo de la educación. El agravante es que los índices van en aumento, de hecho, la delincuencia siempre aparece como un ámbito mal evaluado dentro de los gobiernos por la ciudadanía, que reclama mejores medidas y mayor presencia policial en los barrios y centros comerciales.

Lo interesante es que las cifras oficiales muestran una disminución o control del número de hechos delictivos y por contraste, la percepción de la delincuencia no para de aumentar. Para los especialistas en la materia, este último factor, el de la percepción, "no sirve para nada", es más, de acuerdo a expertos en seguridad comunitaria, "solo ayuda a distorsionar más la realidad, debido a su carácter subjetivo".

Sin embargo, la ecuación no puede ser perfecta en medio de un clima de desconfianza creciente en las instituciones, donde los índices de aprobación ciudadana a la labor de los jueces y fiscales se mantienen en niveles muy bajos. Se ha instalado, con mayor o menor asidero en la realidad, el concepto de un sistema garantista, de una "puerta giratoria" para los delincuentes que no temen ser detenidos pues saldrán rápidamente en libertad, y con testigos sin suficiente protección.

Es razonable pensar entonces que así como bajan las cifras oficiales de delitos, aumentan también las "cifras negras" de aquellos ilícitos que se dejaron de denunciar, bajo la nihilista conclusión de "para qué a denunciar, si los delincuentes van a quedar libres de todas maneras". Por el contrario, al hacerlo se arriesgarían a sufrir una doble victimización.

Es responsabilidad de los distintos actores, llámense jueces, fiscales, legisladores, Gobierno, policías, organizaciones vecinales, medios de comunicación y ciudadanos en general, contribuir a devolverle la confianza al sistema, y a revalidar el principio de que el que delinque, deberá pagar una pena acorde con la gravedad de su falta.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF