Seguros libres de prima

Fecha Publicación: 24/11/2016

Es una pura pena que con esto del progreso, algunas cosas desaparezcan, remplazadas por otras a lo mejor no tan buenas, pero en fin, habrá que conformarse. En tiempos remotos dar a entender que se extremarían los resguardos y precauciones en el cuidado y preservación de un objeto de enorme valor económico o sentimental, se solía comentar que uno cuidaría de aquello como "hueso de santo", dando a entender que actuaría como si se tratase de una reliquia.

La reliquias, del latín; restos de alguien o residuos de algo, eran normalmente un pedazo del esqueleto, un diente, de un santo varón, o intransable doncella. En razón de lo anterior, sólo las iglesias de mayor importancia tenían el privilegio de cuidar alguno de estos vestigios. No pocas veces la razón de su fama y motivo de redituables peregrinajes de fieles en busca de milagros, felicidad, o fortuna, los que podían ser invocados en la cercanía máxima con la reliquia y de ese modo usar a su poseedor original como altísimo intermediario ante los poderes mayores.

En tiempos de escepticismo, eso de andar pidiéndole cosas a los santos, no parece acorde con la modernidad y del todo ajeno a las redes sociales, sin embargo, con cierta reserva, a nadie le falta un santo para encomendarse. Según las leyes del mercado, resulta recomendable elegir un santo o santa que no sea demasiado conocido, ante la posibilidad que los de más alto perfil tengan tal cúmulo de solicitudes que la nuestra quede en carpeta por tiempo indeterminado.

Como siempre hay lugar para la incertidumbre, es como un seguro de bajo costo, no es bueno dejar este recurso sin utilizar, por ser potencialmente poderoso. No sin razón se ha dicho que la fe mueve montañas.


PROCOPIO
 


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