Nuestro ancestro, el desorejado

Fecha Publicación: 22/11/2016

No estábamos lo suficientemente lejos como para evitar ser descubiertos, con rumores falsos se alienta la sufrida expedición a Chile del adelantado capitán Diego de Almagro, que en el invierno de 1535, acompañado de una hueste de hombres con ganas de hacerse ricos lo antes posible, se atreve a cruzar el desierto de Atacama y llegar a los valles de Copiapó.

El clima mató a muchos y a los otros les dejó marcas indelebles, enfermos, hambreados, asustados o enfurecidos, se las cobraron con los indios de por allí, por no tener noticias de oro o plata o cualquier cosa que valiera la pena después de tantas pellejerías.

En Quillota experimentan la sorpresa de sus vidas, los acoge el cacique Michimalonco, actitud amistosa que solo se explica por la intermediación de un español que huyendo avergonzado de Lima, se ha hecho amigo de los naturales. Un tipo calvo y sin orejas, las cuales le habían sido cortadas por ladrón, o por apropiación indebida de especies si hubiera sido un respetable ciudadano contemporáneo.

Gracias a ese primer colono chileno; Pedro Calvo Barrientos, en vez de flechas y piedrazos se organiza una gran fiesta, con chicha de maíz, bailes y gentiles doncellas. Lamentablemente, al fin del festejo se enteran que de oro, nada y que son más pobres que las ratas. La desolación de Almagro fue indescriptible, había gastado su fortuna y la de su hijo en esa empresa inútil, frustrado decidió volver a Perú, en este último viaje lo acompaña Calvo, guiándolos por caminos menos duros. 

Almagro termina ejecutado en Lima, después de perder una batalla donde muere nuestro desorejado. No es un final feliz el de nuestro primer descubridor, la causa de la pérdida de sus orejas parece haber sido premonitoria.


PROCOPIO


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