Lecciones aprendidas en terremotos y emergencias

Fecha Publicación: 24/9/2015

La actitud entre estoica y resignada de la población chilena frente sismos y maremotos tiene por parte de visitantes foráneos un cierto grado de reconocimiento, en el medio interno las conductas mostradas por el ciudadano medio se han prestado para comentarios más dignos de la comedia que de la tragedia, una lectura ambigua para quien es ajeno a otra de las características de la idiosincrasia nacional, el disfrazar el temor de desprecio, o la pena por indiferencia.

Sin embargo, para los atentos observadores externos no ha pasado desapercibido el hecho que grandes terremotos y tsunamis en Chile, si bien han causado daños considerables en ningún caso se asemejan a las consecuencias de fenómenos de aún menor magnitud en otros puntos del globo, en los cuales suelen resultar en cifras mucho más altas de pérdidas humanas y materiales.

A muy pocos días del terremoto en el norte, el ministro de Obras Públicas, ya estaba en condiciones de declarar que se había logrado un avance de considerable en el despeje de escombros en la zona afectada en Coquimbo y que se trabajaba intensamente en la conectividad, habiéndose restablecido los servicios básicos de agua y electricidad.

Lo interesante, frente a este tipo de declaraciones, es que para la ciudadanía estas comunicaciones no tienen nada de extraordinario, sencillamente se da por hecho que es de ese modo como ocurren las cosas, casi por obra de magia, como una forma natural de actuar y que, por lo tanto, no hay nada que reconocer. Se olvida reflexionar sobre la complejidad y número de acciones necesarias para que las cosas ocurran de ese modo y los recursos necesarios para dejar todo apto para el uso.

Chile ha aprendido, del modo más duro posible, cómo es necesario actuar frente a estas tragedias, las autoridades de Gobierno también, de los siempre cercanos recuerdos del 27/F se desprende que el primer movimiento ha de ser la seguridad pública, con las instituciones a cargo, que la presencia de los militares en los puntos críticos es inmediatamente indispensable, que no es posible olvidar en qué tipo de suelo estamos aposentados, de tal manera que los ejercicios y simulaciones a todo nivel son indispensables para proteger a la población y mejorar su ya reconocida capacidad de respuesta. El mundo se sorprende cada vez que hay terremotos en Chile, con la bajísima cifra de muertes. Ello se debe en buena medida a las normas de calidad y altos estándares que imperan en nuestro país en materia de construcción, incluyendo estudios sobre la dinámica de suelos. Gracias a ello, la edificación en altura, altamente sensible a errores en otras latitudes tolerable, aquí ofrece garantías de seguridad, salvo contadísimas excepciones, que aún hoy lamentamos.

Para nuestra región, frecuentemente afectada, sirven de advertencia los sitios vacíos, aquellos sectores que tenían construcciones antiguas y que ahora están a la espera de ser utilizados con sabiduría. Es esa la tarea para las autoridades locales, el adecuado uso de esos terrenos en el corazón de la ciudad, la oportunidad de cambiar la cara a la capital penquista y avanzar hacia esa idea de ciudad inteligente y bella, pensada para la gente que la habita.

Queda pendiente el uso seguro del suelo, el control de zonas de alto riesgo, que pueden ser utilizadas para construcción, con o sin autorización, debido al olvido. El terremoto del norte sirve para recordar, tanto las responsabilidades como las precauciones.


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