El preocupante fenómeno de la deserción escolar

Fecha Publicación: 20/11/2016

Solo un paro de intolerable duración puede sacar de las portadas los problemas pendientes en el proyecto de reforma educacional. Pero, tan pronto como ese ruido baja de decibeles, aparecen situaciones de ese ámbito que perturban a la comunidad nacional. Con justa razón, ya que cual más, cual menos, entiende que se trata de un factor crucial, el país será igualmente más o menos próspero, según el nivel educacional de su población.

Es verdad que el foco está sobre el ámbito de las universidades y en general sobre las instituciones de la educación superior, pero cada vez es más evidente que hay dudas fundadas, en relación al énfasis y a las prioridades. Es probable que una crítica objetiva y acuciosa tenga reservas, especialmente en el punto de por dónde empezar, si por la cúspide, como está ocurriendo, o por la raíz.

El planteamiento de esta última es debido al eventual perfil del estudiante egresado de la enseñanza que antecede a la superior, todo el proceso formativo de la enseñanza básica y media, cuya calidad es un potente predictor del eventual éxito de los jóvenes que se verán enfrentados a exigencias académicas de alta complejidad.

Por ese motivo, es preocupante todo indicio que genere dudas, como puede ser los resultados insatisfactorios de diversas pruebas de diagnóstico, o datos que sugieran fallas en el proceso educativo, o fenómenos tales como el ausentismo escolar, con efectos profundos y negativos en el aprendizaje, no siempre recuperables.

Este problema, hasta cierto punto solapado, suele ser encubierto por otros datos importantes, en este caso, los buenos indicadores educativos que Chile ostenta en términos generales; alta cobertura, baja deserción. Eso logra enmascarar el problema del ausentismo escolar con otras no tan reconfortantes. En efecto, uno de cada tres escolares presenta ausentismo crónico, es decir, falta por 20 días o más durante el 2015, lo que equivale a un mes de clases. Mal antecedente, ya que puede ser el prefacio de la deserción, que afecta, en la enseñanza media y más aún en los establecimientos técnico profesionales, al 12% de los quintiles más pobres y sólo al 1,6 de los más ricos, más a niños que a niñas.

En algunas instituciones se han implementado sistemas de alerta temprana ante el ausentismo, claramente opuesto a la sencilla verificación de las ausencias y la preocupación por la estadística. Lo que hace falta es el compromiso, empezando por el seguimiento de los casos, identificando posibles causas, en la misma familia o en el entorno escolar.

Existe información preliminar; las escuelas que atraen a sus estudiantes poseen sistemas de diagnóstico y monitorean la asistencia a clases, que ajustan planes, programas y horarios en función de los estudiantes en riesgo y entregan un apoyo personalizado, tanto pedagógico como socioemocional. Sin esperar que haya un cambio global en la política educacional, que bien puede ser necesite una revisión desde la base en cuanto a jornadas y contenidos.

Se conoce de experiencias exitosas, incluso en colegios de extrema vulnerabilidad, la variable ha sido la vocación de los profesores y directivos de las instituciones y su decisión de no dejar que los niños se pierdan para su propio futuro, en una edad en la cual no saben que éste existe.


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