Insuficiente inversión en investigación y desarrollo

Fecha Publicación: 20/11/2016

Cuando se describe el momento actual de las sociedades, se menciona que han evolucionado al concepto de sociedades del conocimiento. En términos muy gruesos, un gran cambio en el orden de prioridades para enfrentar los desafíos de un mundo global, no la posesión de materias primas, o poderíos bélicos o masa poblacional, sino el motor que ha dejado a colectivos humanos en situaciones ventajosas de desarrollo; el saber, el dejar de ignorar.

En consecuencia, la marca de clase de las sociedades que han comprendido la necesidad de movilizarse en esa dirección es la transformación progresiva de la sociedades industriales en otras inspiradas en el saber. Un cambio solo posible vía una sostenida política de inversiones elevadas en educación, formación, investigación y desarrollo, programas informáticos y sistemas de información. No se trata solo del uso destacado de las nuevas tecnologías para la comunicación, sino para la creación de nuevo conocimiento, con el resultado neto de un aumento en las instancias de creatividad e innovación.

La única manera de progresar en un universo sujeto a continuos, permanentes y acelerados cambios, es que las organizaciones, comunidades y personas adquieran cualidades para ser capaces de prosperar en un mundo muy competitivo e impersonal, un desafío que compromete a sistemas educativos, mercados laborales y a los modos de organización de las empresas y los mercados. 

La investigación científica, que enseña a pensar y cultiva el espíritu, constituye el mecanismo más poderoso y efectivo inventado por el hombre para generar nuevos conocimientos. Éstos pueden además ser aplicados en la producción de bienes y servicios, sectores en los que la transferencia tecnológica deriva en avances significativos en materia de innovación, de ahí el binomio inseparable de Investigación y Desarrollo (I+D), como herramienta indispensable para el progreso de las naciones.

En estas circunstancias es necesario el desarrollo de la ciencia, la investigación científica es indispensable para la formación de profesionales, la innovación, la competitividad y el diseño de políticas públicas. No se trata de un producto barato, la ciencia requiere inversión sustancial, ha pasado el momento de la investigación a base de ingenio y buena voluntad, demanda ingentes recursos.

En Chile, los recursos destinados a la I+D no superan el 0,4% del PIB, mientras que el promedio de la Ocde sextuplica esta inversión. Ésta sólo aumentó en un 36% en el periodo 2007-2012, muy por debajo del 90% de crecimiento registrado en el mismo periodo, por ejemplo, en Argentina o México. En Chile, a diferencias de otros países de la Ocde, la mayoría de los recursos proviene del sector público, aunque estos se aumenten por esa vía, para alcanzar niveles satisfactorio debe buscarse el financiamiento privado con los correspondientes incentivos.

No es posible, en la situación actual, esperar que el país ingrese a las autopistas del desarrollo. Con la pobre inversión que dedica a la ciencia corre el serio peligro de perder posicionamiento y transformares en un comprador desprotegido de tecnología ajena, lejos de la frontera del progreso, atrapado en un círculo vicioso de dependencia.


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