La ciudad concebida para sus habitantes

Fecha Publicación: 19/11/2016

Por una vez se podría levantar la mirada del fastidio cotidiano al observar que hay señales demasiado numerosas de descuido en el trato a la ciudad, como un espacio que nos pertenece a todos, del abuso por parte de quienes manifiestan la más olímpica indiferencia por los demás, a aquellos que están incapacitados para reconocer la basura y su aporte indeseable para dejar las cosas peor. No todo es la falta de cuidado, hay mucho de la abundancia de incultura.

Para cambiar Concepción como otra y nueva ciudad, o una ciudad sustentable, todos nosotros, los ciudadanos, debemos ser actores activos; se supone que nadie mejor que nosotros sabemos de las necesidades del espacio que habitamos. 

Un nuevo punto focal de la urbe, de próxima entrega, es la Diagonal, transformada bellamente en un paseo peatonal- como un eje oblicuo que comunica dos referentes emblemáticos; el Edifico de los Tribunales y la Plaza Perú- puede ser empleado como muestra de fragilidad de un recurso, se supone, sostenible. Para que cumpla su propósito hay que tener mucha claridad en el uso respetuoso y colaborador de este nuevo espacio, por todos, por los peatones y por los administradores de los numerosos locales que resultan altamente beneficiados con este regalo de la ciudad para sus propósitos.

Para la arquitecta holandesa Francine Houben, distinguida como la Arquitecta del Año en el Reino Unido; de reciente visita en nuestro país, una ciudad sustentable es aquella donde la gente disfruta vivir. Esto implica buena vivienda, fácil movilidad, atractivos espacios públicos verdes y una comunidad vibrante, con instalaciones culturales adecuadas y oportunidades económicas. Una ciudad sustentable está preparada para los cambios predecibles e impredecibles.

Mucho de lo que ocurre en ese particular entorno de la ciudad es predecible, buenos cambios, como la ornamentación del lugar, nuevos puntos de encuentro, flores y sombra, iluminación atractiva y acogedora, pero también usuarios inaceptables, con comportamientos intolerables, fabricantes de basura, enmugradores, para evitar eufemismos inútiles, aquellos que cuando se retiran de allí dejan marcas indesmentibles de deterioro.

Igualmente predecible, a menos que se administre las medidas que corresponda, son las complicaciones propias de la alta concurrencia a ese espacio. Lo cual tiene que tener por parte de las autoridades una particular atención, no se resolverá de modo espontáneo el estándar adecuado a un sitio privilegiado de la ciudad, en el cuidado de bienes, en la estética y en el derecho de los residentes. 

En el caso particular del entorno de la Plaza Perú, los locatarios tendrán que cumplir estándares, hacerse responsables de su entorno inmediato, someterse a una regulación con reglas claras de estética, aseo, presentación del personal a cargo y normas sanitarias. El respeto a normativas de esa naturaleza es beneficioso para todos e indispensable para la imagen urbana.

Sumar a los esfuerzos de la municipalidad penquista el cuidado de este nuevo espacio a aquellos que hacen para cuidar áreas verdes y paseos peatonales, es una demanda agregada, pero indispensable. Junto con ello debe haber una campaña sostenida de educación urbana y una voluntad permanente para impedir que se transgredan las normas. En definida, entre todos los ciudadanos podemos colaborar a tener una ciudad para enorgullecernos.


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